De Retrato, de retreta… y de retrete

 

“Excluídos”

Caracas, 251202

 

  • “… Los ejércitos son inútiles a menos que los soldados crean en la causa por la que luchan, o, en el caso de los mercenarios, tengan confianza en la capacidad de sus jefes para conducirles a la victoria… El poder, es hoy en día, un tema de gran interés, no necesariamente porque sea ejercitado con más eficacia que antes, sino porque son infinitamente más las personas que ahora tienen acceso al poder o, lo que es más importante, a la ilusión de su ejercicio… vacío de poder. La expresión… describe adecuadamente a una comunidad o territorio en el que todas las fuentes de poder –personalidad efectiva, propiedad y organización– son débiles o inexistentes, como lo son también, en consecuencia, todos los instrumentos de su imposición… en nuestro tiempo suele confundirse el recurso a un instrumento de poder con el ejercicio de poder…” (John Kenneth Galbraith)

 

Sin temor a exageraciones, podría aceptarse que uno de los más trascendentes eventos políticos ejecutado por militares y acontecido en la sociedad venezolana desde que Colón desembarcara por primera vez en el territorio hasta nuestros días, lo constituye el acto de desobediencia de las más altas posiciones jerárquicas militares el once de abril de 2002.

 

Precedentes

 

En esa fecha el estamento militar se negó de plano a obedecer las órdenes directas del presidente, tcnel. Hugo Chávez Frías, para disponer, desplegar y emplear la capacidad de fuego de la Fuerza Armada (FA) contra una importante masa de población civil desarmada y, en ese momento, en ejercio pleno de sus derechos. Por primera vez en toda la historia de esta sociedad, desde la conquista hasta nuestros días, el componente militar de la fuerza pública se niega a intervenir en asuntos de estricta competencia civil y, derivado de ello, a emplear su equipamiento y capacidad bélica contra una población civil desarmada y concentrada en una marcha. Los profesionales de la alta jerarquía castrense, jugándose el todo, se negaron a hacer de nuevo el mismo protagónico y criminal papel que jugaran en los crímenes que tuvieron como origen lo que se ha dado por llamar El Caracazo. Miles de muertos y heridos por arma de fuego empuñadas y disparadas por soldados venezolanos contra venezolanos, fueron el trágico saldo de aquella no muy heróica gesta militar que a catorce años de cometidos no han sido sometidos a una investigación, un derivado juicio y una consecuencial condena y, como caso criminal, permanece aún, impune.

 

La realidad

 

Sintetizando, estos generales activos que quedan en la FA, por ahora, ya los definió Rafael Guinand[i] por allá por los años cuarenta cuando en sus programas radiales despectivamente se refería a ellos en términos de “generales de retrato y de retreta[ii].

Hoy en día, enmendándole la plana a Guinand, para ajustar su expresión a la nueva realidad venezolana, habrá de agregarse: …y de retrete. Es decir, en términos de formulación matemática: erre a la tres.

 

Retratarse con sus uniformes llenos de condecoraciones de no se ha sabido ni se sabrá nunca cuáles batallas; asistir a todos los actos protocolares y saraos luciendo y pavoneándo uniformes y condecoraciones a la vera de unos cuantos 18 años; pero a la hora de la verdad, cuando sus supuestas habilidades y capacidades son llamadas a capítulo por los eventos y circunstancias del país, aterrados, llorosos y moqueando –como aquel ministro de la defensa quien, en pleno desarrollo de los eventos del 27F, paralizado, histérico gritaba en su despacho: “… mi carrera… mi carrera…”; una vez sacudido, literal, e impelido por su compadre, entregó el mando de operaciones a éste– corren a encerrarse en el retrete a descargar el miedo. Ese paralizante estado físico y mental derivado de una cómoda y regalada vida de cuartel, de la pura teoría de la guerra sin la práctica de la guerra; bien alejados de las fronteras y de todo lugar de contacto con fuerzas militares o para–militares equivalentes, reales o potenciales enemigos y de todo conflicto bélico, e impuesto por una voluntaria adhesión a la comodidad y a la ausencia de rendición de cuentas, a la falta de entrenamiento para sí y sus unidades y la derivada ausencia de experiencia en combate militar.

 

Esos dos últimos puntos, los peores enemigos de cualquiera sea el ejército en cualquiera sea la época e historia que se observe. Es el origen del natural terror paralizante que se produce en el soldado bisoño –independiente de jerarquía– frente a la espectativa de una batalla contra un enemigo en igualdad de condiciones. Pánico que embala y anula el intelecto y el músculo no sólo para tomar las armas y asumir y hacer asumir el riesgo de la muerte propia y/o la de otros, para tomar y dictar las decisiones de comando superior, medio y de línea sino para acumular y mantener la fuerza moral necesaria que demandrará el ulterior afrontar de sus derivados.

 

A favor y en beneficio de esos enemigos internos, interiorizados en cada integrante de un ejército, juega tanto esa falta de entrenamiento, como la dedicación a tareas civiles que no le son propias a una maquinaria de y para la guerra. ¿Y cuál guerra? Deberá ser el tema de otra nota.

 

 

Sus derivados

 

Cuando frente a estos condecorados “guerreros sin guerra” no están los fusiles, granadas y cañones de un aterrorizante enemigo en igualdad o superioridad de condiciones y equipamiento, sino una población civil armada sólo de voluntad política, pitos, cacerolas y banderas, no hay peligro. Para los incondicionales del régimen, los “valientes” y vende papas, fácil resulta entonces ordenar el zafarrancho de combate, mover los tanques, tanquetas, ametralladoras, fusiles y soldados a su alrededor –al igual que aquel famoso general Monch quien exuberante sobre la torreta del tanque hiciera su entrada triunfal a La Alcantarilla, hasta que sonaron los primeros tiros y comenzaron a caer a su alrededor uno tras otros los miembros de su unidad de combate; El Porteñazo– para hacer su entrada triunfal en la escena, dar muestras de su valentía ante su jefe y subalternos, pateando, humillando y vejando al “enemigo” dominado, negándole la atención médica y hasta el agua y el alimento, incomunicándolo y, luego, a punta de pistola sobre la cabeza del prisionero, bajo la amenaza de muerte, daños a su familia, cárcel, violación y mayores vejámenes, pretender obligar a ese prisionero a ejecutar sus órdenes y voluntad. ¿Dónde está el honor de ese soldado y de la bandera que alega defender?

 

Esa es la historia de esas FA después de la tan publicitada gesta libertadora del siglo XIX y las barbaridades de principios del XX, que, por decisión política y conveniencia militar, no han hecho otra cosa distinta a la de apuntar sus ballonetas y la boca de sus fusiles hacia dentro, contra la propia sociedad de cuya integridad son custodios –a 180º del objetivo natural de toda fuerza militar que se precie de tal–, para sostener en el poder, en contra del país y de su población civil, a quienes les garantizan los privilegios de vivir en la opulencia sin tener que trabajar; y, Hugo Rafael Chávez Frías, uno de su especie, no sólo se las ha garantizado sino que se las ha incrementado significativamente al poner en la mano de sus generales, sin límites, rendición de cuentas ni control alguno, en líquido, parte importante de los fondos públicos, esos mismo fondos públicos que nadie ha explicado hasta ahora en qué han sido invertidos.

 

Su expresión material

 

Más de 110 mil millones de dólares en cuatro años han sido los recursos, provenientes de las exportaciones petroleras e impuestos, que ha recibido este gobierno: ¿Dónde estan?. No se ha inaugurado durante ese lapso ni una sóla obra pública de infraestructura que merezca ser mencionada. Según los medios y las cifras no refutadas por personero alguno de gobierno, más del ochenta por ciento de los programas sociales que habían sido implementados y venían funcionando desde los períodos de gobiernos anteriores, fueron cancelados; se incrementaron los impuestos, se han cerrado más de cinco mil empresas, cincuenta y dos por ciento de la población económicamente activa del país, esta en la informalidad; más de veinte por ciento de desempleo abierto; un índice cercano –sino ya rebasado– a los treinta y cinco muertos por cada cien mil habitantes es el producto de la delincuencia llamada común, más de noventa por ciento de ellos por arma de fuego; armas de fuego, por cierto, en buena medida suministrada, traficada o puesta al acceso de los delincuentes, por los propios funcionarios públicos de distintos niveles políticos y jerárquicos. Hasta ahora, en cuatro años de gobierno, ni un solo delincuente –tan común como los anteriores– de éste o cualquier otro gobierno anterior y que haya quedado al descubierto por saqueo a los fondos públicos, ha sido investigado menos aún  llevado a juicio, hecho preso, juzgado y condenado.

 

En términos económicos contemporáneos, total y absoluta impunidad es la muy  significativa “ventaja comparativa” de la cual disfruta y dentro de la cual se mueve y actúa el crimen y los criminales en este supuesto gobierno y supuesta revolución. Por su lado, los otros “poderes”, guardan cómplice silencio mientras representantes del más alto tribunal de la  República –que antes que magistrados, parecieran miembros de esa pandilla de criminales en acción–, con cada nueva e ingeniosa sentencia, demuestran y confirman su adhesión al régimen, y no son otra cosa que piezas de un macabro juego político. Más abajo, algunos jueces, fiscales y defensores del pueblo, todos juntos y en contubernio –como quedara demostrado en el caso del abordaje de buques tanqueros– y actuando dentro del más depurado estilo del esbirro de turno y en suerte, apoyando y avalando desmanes y tropelías de los vende papas, sus pares, actuando frente y en contra de ciudadanos desarmados.

 

Política y políticos

 

No nos sorprende en lo absoluto que el tratamiento del acto de desobediencia militar del 11A, haya sido objeto de tan poca o ninguna atención y análisis de eso que llaman el estamento político venezolano: el stablishment o la nomenclatura. Baste para ello acoger como válida la sentencia que expresara el francés Casamayor[iii]: “… nadie está dispuesto a acabar con una maquinaria de la cual ha de servirse cuando llegue al poder…”.

 

Para esos conspícuos personajes del mundo político –de extrema, centro o moderada izquierda, o derecha si existe– y de los muertos pero no enterrados partidos del estatus y otros que se incorporan y que hoy pretenden de nuevo emerger de sus cenizas para ocupar posiciones de poder, el silencio que aprueba los desmanes, señala la trascendencia para ellos del tema, son los primeros interesados en que la purga que adelanta el tcnel Hugo Rafael Chávez Frías y a la cual está siendo sometida la Fuerza Armada de Venezuela, se lleve adelante y hasta los extremos, y que, sólo generales y oficiales superiores émulos de condecorados y enriquecidos vende papas, queden en los mandos. A futuro, en su fantasía, si llegaren al poder, necesitarán de la garantía de que cualquier nueva expresión colectiva de la ciudadanía en la calle que atente contra los privilegios de quienes detentan el poder, tenga el mismo tratamiento del Caracazo y, por supuesto, tenga los mismos aterrorizadores resultados de aquel.  Tremendo error, viven en el mismo mundo del actual jefe de Estado, de allí que tanto político, revolucionario y ex guerrillero sin cargo público, guarde silencio, y que tanto “come flor”, esté negociando su futuro.

 

Corolario

 

Definitivamente, para bien de un país y de una nación que ahora –por primera vez desde el siglo XIX– comienza por aborrecer a caudillos, mesías, salvadores y encantadores de serpientes; después de esta nunca vista e impresionante movilización de millones de ciudadanos que han paralizado al país y tomado las calles de las ciudades para no abandonarlas ya jamás; después de estas múltiples demostraciones en respuestas al cuándo, cómo y con qué se come la sociedad civil; después de eso, la sociedad venezolana como nación, Venezuela como territorio, la democracia y sus instituciones como sistema de gobierno, el ciudadano común, el político y la política, el poder su toma y ejercicio, la justicia y la administración de los fondos públicos, no podrán ser lo mismo que en el pasado; a partir de la solución del conflicto y de nuevas elecciones, serán otra cosa muy distinta.

 

Tan distinta, que los funcionarios públicos –sean o no generales y oficiales militares o policiales– de retrato, de retreta y de retrete, la “R³”, están condenados al igual que todas sus antisociales conductas; unos y otras están sentenciadas al ostracismo, y quizás será, de persistir en sus conductas hacer y dejar de hacer, para y por el bien de una sociedad en busca de un futuro de igualdad ante la ley y de oportunidades para todos sus ciudadanos en un Estado de Derecho, el único sector –si por el número de sus integrantes se pudiere así clasificar– que llevará el sello y sufrirá los efectos de la condición de: excluidos.

 


[i] Rafael Guinand (1881–1957). Actor, poeta, autor dramático y empresario teatral; debuta como profesional en el teatro Calcaño y se consagra la noche del 30 de julio de 1914; funda la compañía de teatro Puértolas–Guinand; a partir de 1920 escribe una columna regular en el diario El Sol, “Tirabeque y Peregrín”; participa en 1926 en la fundación de la primera estación de radio en Venezuela, AYRE, a partir de 1937 trasmite sus obras de mayor éxito; en 1948 inaugura el programa “El Galerón Premidado”, clausurado por la Junta Militar de Gobierno el 24 de noviembre de 1948. Notas tomadas del Diccionario de Historia de Venezuela; Fundación Polar; Editorial Ex Libris, Caracas, 1988.

[ii] “…  Retreta f 1. Función de música de banda que se da en las plazas públicas. 2. Fig coloq obsc Conjunto repetido de golpes, tiros, palos, etc…”. Diccionario de Venezolanismos, Tomo 3; UCV; Academia Venezolana de la Lengua Fundación Edmundo y Hilde Schnoegass; Caracas, 1993.

[iii] Seudónimo del vice ministro del Interior francés cuando el affaire Mehdi Ben Barka; 29 de octubre de 1,965

 

Acerca de rriverom
http://www.home.earthlink.net/~accioncivica/ http://twitter.com/#!/rarmuz

One Response to De Retrato, de retreta… y de retrete

  1. Pingback: Cocaína Alba S.A. (COCALBA S.A.) « Rafael Rivero Muñoz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: