¡¡ Un accidente… un suicidio !!…

¿Y por qué no un asesinato?

 

 

Rafael Rivero Muñoz

Caracas,  21/02/03

La Fiscalía General de la República, organizó con afectos internos y externos del régimen y tiene ya previsto un Plan de Contingencia para el caso en que Hugo Rafael Chávez Frías por cualquiera sea la circunstancia, salga del gobierno. Isaías Rodríguez, Fiscal General de la República, tiene en su oficina bajo su control personal una caja fuerte, dentro de ella apilados, acumulados y a buen resguardo, todos y cada uno de los documentos que han sido consignados o producidos por su despacho correspondientes a cada una de las causas que se han intentado contra Hugo Chávez Frías, José Vicente Rangel y otros altos personeros del gobierno.

En ese caso –salida de Chávez del gobierno– en cualquiera sea la circunstancia y antes de abandonar o hacer entrega del despacho y edificio de la Fiscalía, todos –absolutamente todos– esos documentos están sujetos a un procedimiento expedito, deberán ser sacados de la caja fuerte y hechos desaparecer, serán destruidos y quemados. Uno de los responsables del asunto, pareciera ser el Jefe de Seguridad de la Fiscalía, Antonio Febres. Lo que más tiene angustiado a Isaías Rodríguez, Chávez, José Vicente Rangel y a otros personeros del gobierno, es que el plan no se cumpla tal como previsto o que pudiera tener algunas severas deficiencias.

Hace algo más de una semana podría decirse que el plan estuvo sometido a prueba y no abrieron la caja, no sacaron los documentos ni los quemaron. Pero existen dos probabilidades: a) deficiencia puesto que, luego de algo que parece pudo ser o fue un accidente, que produjo que todo el personal abandonara la Fiscalía, y nadie se ocupó de ejecutar el Plan de Contingencia referente a tales documentos; b) la supuesta deficiencia no existe, antes por el contrario, el control de la situación es preciso, eficiente, y ésta quedó probada en los hechos.

La historia

Hace más o menos una semana algunos directores de la Fiscalía General de la República, celebraron algún evento con un almuerzo escanciado entre otros con dieciocho años de marca, el Jefe de Seguridad Antonio Febres se pasó de palos y habló y habló con sus compañeros de farra más de lo que debía, comentó asuntos delicados. Dicen los comentarios muy reservados, que cuando regresaron al edificio de la Fiscalía sobre las tres de la tarde, Antonio Febres se encerró en su oficina para tratar de pasar la borrachera. Pasado un tiempo, al parecer fastidiado, comentan, sacó su pistola Glock, le quitó el cargador y luego entre las maniobras que realizó, olvidándose de que el arma tenía una bala en la recamara, con el arma en la mano la puso frente a su cara tratando de ver que había dentro del cañón –a lo mejor, ver si estaba sucia–. La maniobra insegura, en condición insegura, parece produjo un accidente, sin percatarse haló el disparador y se le escapó un tiro que lo impactó en la cara.

 

La detonación en el lugar cerrado produjo una gran alarma que se extendió piso por piso en todo el edificio, nadie sabía que había pasado; alguien corrió la especie de que había caido el gobierno y de que estaban asaltando la Fiscalía. Se desdencadenó una estampida humana. El personal más cernano al evento entró en pánico y comenzó a evacuar apresuradamente la edificación; a medida que la multitud en las áreas de circulación aumentaba, el pánico se generalizaba y más personas se incorporaban a la estampida. Luego de calmado se conoció, sólo entre pocos, la verdad del asunto, pero se ordenó absoluto silencio sobre el incidente.

 

La información se evitó fuera conocida por la opinión pública, sin embargo, pocas son las probabilidades de guardar en secreto un hecho como ese; cuando hoy en la tarde se investigó con algunos enlaces internos sobre la identidad del jefe de seguridad, comentó la fuente: “… se llama Antonio Febres… se dio un tiro el domingo en su casa…”. No se precisó cuál domingo. Luego, de acuerdo con esta inicial comprobación: a) se confirma la información sobre que el sujeto se dio un tiro, no se refiere si murió o no; b) se ubica la circunstancia  en su casa de residencia; c) “casualmente” en una fecha fuera del horario regular de actividades de la Fiscalía, estaba en su casa. Siendo así, aceptando que ello fuere verdad: ¿cómo es que un funcionario de alto nivel de la Fiscalía General de la República se hiere gravemente o muere –accidente, suicidio u homicidio– y los medios de comunicación no están enterados ni la Fiscalía ha difundido la información?

 

Algunos otros elementos

 

El calibre de la pistola Glock que más se ha difundido entre los que poseen una de estas armas es el calibre punto cuarenta (.40); ya son múltiples los accidentes de funcionarios policiales con este tipo de arma; un tiro de .40 en la cara y en las condiciones descritas del supuesto accidente, suicidio o asesinato, es mortal.

 

Cualquier disparo de un arma de fuego en la cara y a una distancia menor a los treinta centímetros, deja dentro y fuera de la herida señales evidentes tanto de quemaduras, de humo, de restos de pólvora quemada y sin quemar, de rastros metálicos provenientes del fulminante; además del halo de contusión, la herida producida y propia a las armas de fuego, y la trayectoria interna de la bala en el organismo muestran señales irrefutables de un disparo a contacto o próximo contacto; también es posible encontrar rastros en la víctima de la detonación, en las manos y brazos, vestimenta; indicios todos propios al suicidio o a un supuesto accidente; mas eso no es demostración irrefutable, que nos lleve a concluir que se trate de un accidente o de un suicidio; también es posible y debe ser investigado y descartado el homicidio puesto que también en el caso de asesinato a corta distancia, se encontrarán las mismas y equivalentes evidencias físicas.

Cabe entonces, especular

El ocultar por parte de la Fiscalía General de la República un hecho de estos ocurrido dentro de su edificio sede y en horas de labor ordinaria con un funcionario –que siendo y ocupando el cargo de jefe de seguridad de una tan importante institución del Estado, lo mínimo exigible es que conozca el uso de las armas de fuego y las condiciones de seguridad en las cuales debe ser manipulada–,  llama poderosamente la atención.

¿Queda entonces determinar qué es lo que realmente se oculta con el silencio de la Fiscalía General de la República? Si realmente oculta un supuesto accidente o quizás un suicidio; o se oculta algo mucho más grave y que estuvo determinado y desencadenado, quizás, por los comentarios que, pasado de palos, realizó Antonio Febres con sus contertulios en el almuerzo?

Algunas no lejos de una realidad:

  1. Siendo el Jefe de Seguridad de la Fiscalía, las probabilidades de que, en los casos previstos, la misión de sacar y destruir los documentos que resposan en la Fiscalía y en contra de Hugo Chávez, estuviera precisamente en manos de Antonio Febres, son muy altas.
  2. De ser ello la circunstancia, entonces Antonio Febres, Jefe de Seguridad, fue designado al cargo con una misión principal; por tanto, estaba en cuenta no sólo de los detalles y responsables para la ejecución del plan, lo que significa que debía estar capacitado para tener acceso a la edificación, cualquiera fuera la hora o día, en posesión tanto de las llaves de la oficina como de la combinación de la caja fuerte donde estan los documentos; también de los materiales y combustibles –pertinentes a provocar una violenta y rápida destrucción de papeles, videos, películas, cintas de sonido y carpetas– como de los iniciadores del fuego; para poder abrir la caja, sacar el material, apilarlo aplicar el combustible, activar los iniciadores y proceder de acuerdo al plan.
  3. Siendo un hecho de indiscresión mayor, cualquier comentario que pudiere haber hecho Antonio Febres sobre este Plan de Contingencia a los comensales, significaría un asunto de máxima gravedad tanto para el Fiscal Isaías Rodríguez como para Hugo Chávez, José Vicente Rangel y otros personajes importantes del gobierno, por tanto, en las circunstancias políticas en juego, no queda sino una sóla  y exclusiva alternativa: eliminar al infidente. Botarlo del cargo y en posesión de esa información constituía un peligro aún mayor; ponerlo preso, incomunicarlo o someterlo a una de esas operaciones de asalto donde mueren las víctimas, un escandalo que podría extender el peligro y salirse de control. Además, se trata de una cuestión de decisión y de ejecución inmediata, no hay tiempo ni otra alternativa.
  4. Luego estaba prevista tal contingencia y su ejecución planificada, lo que lleva a considerar que tales documentos y todo lo que a su alrededor ha sido previsto, están bajo el control de un equipo que, operando con “antenas” fieles dentro de la Fiscalía, realmente responde a mandos y bajo instrucciones y decisiones por sobre Isaías Rodríguez, en cuyo caso ha de pensarse es un equipo externo bajo el control de otro ente cercano o adscrito al vértice del poder del gobierno de la República y de la cual no forma parte alguna, ninguno de los organismos de seguridad del Estado (DISIP, DIM, Casa Militar); podría por tanto ser además de externo a esos servicio como de organización, planificación y ejecución, no necesariamente interna al país.
  5. El hecho de la no aplicación del Plan de Contingencia en los términos previstos y en momento de una estampida de pánico a la voz de que tomaban la Fiscalía, abundan en el sentido de que la ejecución estaba en manos de quien no pudo ejecutarlo pero su control en manos de quien si estaba al tanto de la realidad de lo sucedido.
  6. Si se afina el análisis, bien pudiera ser que la provocación del pánico en los funcionarios, la orden o canalización para la evacuación desordenada de la edificación en el momento de producirse el disparo, haya sido dirigida y provocada con el objeto de solucionar el asunto del “accidente” o del “suicidio” en la oficina del Jefe de Seguridad. Es un asunto que tendrá que ser establecido, si es que alguna vez se realiza alguna investigación.
  7. En ese caso, el pánico y la evacuación fue provocado para brindar espacio y tiempo para, sea, modificar la escena del hecho, borrar todo indicio de presencia de otras personas en el momento del disparo y hacerlo ver sea como un accidente, sea como un suicidio; sea también, si fuere el caso, para sacar el cadáver y ponerlo en otro lugar y así sustentar la tesis de que el accidente o el suicidio fue en la casa de la víctima.
  8. Todo está por ser investigado, verificado y probado: ¿Antonio Febres, es funcionario de la Fiscalía General?; ¿es el Jefe de Seguridad?; ¿cuándo fue la última vez que lo vieron con vida?; ¿quiénes?; ¿el jefe de seguridad de la Fiscalía General, está vivo o está muerto?; ¿se dio un tiro o se lo dieron?; ¿accidente, suicidio u homicidio?; ¿el evento fue en su oficina o en su casa?; ¿si está vivo, dónde está?; ¿si murió, le hicieron autopsia?; ¿dónde y cuándo fue enterrado?; ¿o lo cremaron?; ¿indagó la policía de investigación criminal el asunto?; ¿se abrió una causa penal?; ¿luego de transcurrida más de una semana, cuál es el resultado?; ¿cuál jefe policial la investigó?; ¿cuál Fiscalía tiene la causa?; ¿cuál tribunal le corresponde sustanciarla?; ¿transita el hecho por el mismo camino del asesinato de Federico Bravo Melet, de la Masacre de Miraflores, la de Altamira, la de Parque Caiza?

 

Indiscutiblemente, le toca el turno para responder a cabalidad cada pregunta y las derivadas, al Fiscal General de la República, abogado Isaías Rodríguez.

Después habrá de ser complementado el resto de respuestas que emerjan y propias a una investigación por la muerte violenta de un ciudadano; pero, en ello no existe posibilidad alguna de colaboración por parte de Isaías Rodríguez o de cualquier sea otro el funcionario de nivel alto o medio; la limpia operación realizada, si fuere el caso, deja bien claro para cualquier interesado, la calidad de los beneficios y sobre todo de los riesgos a los cuales están sometidos todos los funcionarios de ese despacho oficial: Plata, toda la que le puedan sacar a sus habilidades como funcionarios; plomo, ante cualquiera sea la debilidad en que incurran. La muerte de Antonio Febres, accidente, suicidio o asesinato, al igual que otras, no es más que una cuestión de, la real politik.

Acerca de rriverom
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