¿Paramilitares?

 

“… Paso lento, vista larga y mala intención…”

Rafael Rivero Muñoz

Caracas, 090504

 

Esa era una repetida y lacónica expresión de aquel profesional formado en la primera escuela de policía en Venezuela*, devenido luego formador de policías a partir del año 1.958.

 

No era otra cosa distinta a hacer ver y cimentar en su auditorio, la expresión del triángulo de una disciplina y una derivada conducta propia e indispensable a una profesión –oficio para algunos– bastante compleja: Policía.

 

Traducido al lenguaje común de nuestros días donde por años tantos enlatado de series policiales han incidido y condicionado conductas de individualidades y colectivos deficientes en una verdadera formación ciudadana, carentes por tanto de la saludable capacidad crítica y que, a pesar de sus tantos TSU, ausentes están por completo de una sólida formación profesional que les permita acopiar e instruirse en sus propias y diarias experiencias. Esa expresión que nos atrevemos traducir hoy en los siguientes términos:

 

a) Los asuntos policiales no son aventuras o cosas que se resuelven en los interiorizados y limitados 40 minutos de un capítulo de serie de TV.

 

b) Las circunstancias precisas de un evento policial, como cualquier acto equiparable de la vida común ciudadana, no comienzan y se terminan en el mismo acto, tienen todas un origen –o varios– y tiene todas un efecto –y varios– que lo trascienden.

 

c) Si algo resulta en extremo peligroso en la política policial y más aún para el policía en la calle y sobre el terreno de los hechos, resulta ser la verdad aparente. Un decir popular lo concreta, piensa mal, y acertarás; puesto que, en definitiva y en el lugar donde se dirimen los asuntos policiales, la jurisdicción, priva un principio en derecho: Nadie puede alegar en su defensa, su propia torpeza.

 

¿Ignorancia, torpeza o miedo?

 

Son repetitivos y varios ya los eventos donde los comandos superiores políticos y técnicos de la policía civil –independiente de su cualidad de nacional, regional o local–, por su propio hacer y dejar de hacer, han quedado con algo más que la espalda al descubierto, y más grave aún, han dejado en iguales o peores condiciones a sus subalternos, los policías que sobre el terreno debieron atender una u otra circunstancia.

 

Tres ejemplos lo concretan

 

  1. Aquellas escenas televisadas en el Este de la ciudad: Primer cuadro, donde el vehículo y tripulación de una supuesta unidad de inteligencia de un cuerpo nacional de policía que sometía a “vigilancia” a un Alcalde, fue puesta al descubierto y rápidamente bloqueada por tres flancos mediante unidades de la policía local, ante la cual se negaban a identificarse. Segundo cuadro, la unidad de “inteligencia” bloqueada recibe refuerzos de varias unidades esta vez identificadas, de la policía política del gobierno central y se entabla un forcejeo verbal con exhibición de armas y parafernalia de combate entre las unidades de refuerzo y las equivalentes locales. Tercer cuadro, la unidad de inteligencia bloqueada, se escapa por el flanco que no había sido bloqueado por los locales. Cuarto cuadro, la policía local se quedó con los “crespos hechos”; no fueron capaces siquiera de identificar a los tripulantes de la unidad de inteligencia, ni de aquellas que acudieron en su auxilio.

 

  1. Aquellas escenas también televisadas, donde un Alcalde acude a las instalaciones de la Embajada de Cuba, ante la cual una manifestación de ciudadanos se violentó y atentó contra propiedades en los linderos y afuera del territorio de la Embajada. Primer cuadro, el Alcalde a solicitud e invitación del propio Embajador, mediante una escalera habilitada sobre la pared lindero, penetra a la sede; segundo cuadro, el Alcalde departe con el Embajador en personas y, en medio de ello, en un momento dado, éste, el Embajador, transmite de viva voz por teléfono a un interlocutor, que el asunto está en vías de solución, que no existe peligro, que está en tratos cordiales para finalizar el sitio de la Embajada. Hoy, dos años después, el Alcalde por ese hecho está sujeto a una medida de privación de libertad y a la espera de que el Fiscal actuante, en 30 o 45 días, presente cargos, o al contrario, decida abstenerse ante el juez y archivar el asunto.

 

  1. La más reciente. El domingo en la madrugada unidades de la Policía Metropolitana son destacadas para montar una alcabala de control sobre la ruta que conduce hacia Turgua, sector El Gavilán en el Hatillo. Interceptan en su ruta a dos colectivos de la línea Baruta-Turgua-Sisipa que habían sido supuestamente robadas y tripuladas por un contingente de 56 hombres uniformados y sin armas. Hasta aquí, la policía tiene en sus manos un procedimiento policial común eminentemente civil:

 

  1. una denuncia verbal, no ratificada, sobre el robo, secuestro o hurto de dos vehículos colectivos;
  2. los dos vehículos que ha interceptado y detenido;
  3. los dos conductores de los vehículo, dueños o no de éstos, pero, libres de amenaza o peligro;
  4. 56 hombres jóvenes, recién afeitados al rape, uniformados con vestimenta militar, botas incluidas, evidentemente nueva; que se mantienen en silencio y no dan muestra alguna de presentar resistencia a la autoridad policial que les interpela;
  5. un supuesto responsable del contingente que aún cuando porta un arma corta, no ha hecho resistencia al procedimiento.

 

Según lo ha afirmado el propio comandante de la Policía Metropolitana, ante la circunstancia, inmediatamente se desplazaron al lugar del hecho un total de no menos de 150 efectivos de policía, a los cuales se agregaron un contingente de la policía estatal y de la local; no menos de 200 hombres tenía la policía civil en el sitio. Más que suficiente para dar sostenida continuidad al procedimiento policial regular pautado por la norma vigente.

 

Pero no fue esta la decisión del comando superior de la policía civil. Por miedo, por ignorancia, por crasa incompetencia, deciden “sacudirse” el asunto. Allí está el error que permite hoy al vicepresidente y a cualquier otro farandulero, señalar como sospechosa la actuación de la Policía Metropolitana y de los demás integrantes de la policía estatal y local que acudieron al sitio del evento.

 

Es decir, tanto el comandante de la Policía Metropolitana como su equivalente en la policía estatal y la local, dejaron su propia espalda, las de sus jefes político–administrativos y las de todos y cada uno de los funcionarios actuantes, a la buena de Dios, al descubierto. Pasivos todos de una situación similar, en el inmediato o luego, a la que hoy afecta al Alcalde citado en el caso anterior. En términos coloquiales:

 

Se bajaron los pantalones.

 

Independiente de si la situación más reciente, comentada en el punto tres, se trataba de un contingente de los olímpicamente denominados para el caso por el gobierno central, paramilitares; si se trata de civiles nacionales o extranjeros, reclutados antes dentro o fuera de Venezuela, bañados, uniformados, alimentados, transportados por uno u otro interesado en función de uno u otro objetivo; lo que en los extremos la policía civil uniformada actuante tenía en sus manos, una vez que intercepta en su ruta a ambos colectivos, era la eventualidad de ocurrencia de dos delitos en la modalidad de flagrancia: a) un secuestro, hurto o robo de dos vehículos; b) el porte ilícito de un arma de fuego por parte de quien se identificó ante ellos como responsable del contingente. Para ese preciso momento de la actuación policial, ningún otro supuesto delito podría ser alegado en oposición y para dar continuidad a la operación policial en curso, menos aún, para pedir la intervención de la policía política, de la de investigación criminal o de la Guardia Nacional y Policía Militar, por tanto, esa continuidad del procedimiento se resumía a:

 

  1. Levantar un acta pormenorizada del procedimiento donde además de las pormenorizadas circunstancias que llevaron al conocimiento del hecho y medidas tomadas, quedaran asentadas las identidades de todos y cada uno de los integrantes del contingente interceptado, con la descripción de vestimentas, equipos y otros enseres que pudieren haber sido tomados bajo custodia; descripción e individualización de los vehículos; identidad de todos y cada uno de los funcionarios actuantes; la identidad y ubicación del denunciante y la versión verbal preliminar de las supuestas víctimas del supuesto delito que originó la intervención policial.
  2. Paralelamente citar y trasladar al sitio al Fiscal del Ministerio Público de guardia para que éste presenciara y avalara el acta oficial de la intervención policial y en sus extremos, emitiera las disposiciones pertinentes al evento criminal evidenciado, si fuere el caso.
  3. Tomar las medidas pertinentes a la seguridad física de los detenidos, evitando su fuga y para el traslado –en el acto y una vez terminada y firmada el acta– de todos los integrantes del grupo interceptado y de los objetos, enseres o bienes tomados bajo control, al local, cuartel o destacamento policial con capacidad para albergar el contingente de detenidos o en su defecto y a petición del Fiscal actuante, al Tribunal y Juez de guardia, en cuyo caso, sería éste quien tomaría las decisiones que la ley vigente impone.
  4. Asiento en el libro de novedades de la policía, de todos los detalles pertinentes al registro oficial y por escrito de lo actuado, con cita expresa de la identificación documental del acta oficial levantada.

 

Precisiones

 

Este último caso analizado, nos permite asomarnos y circunstanciar la presencia de los mismos errores cometidos por los comandos, políticos y técnicos de la policía civil actuantes en todos los casos ejemplarizados. Independiente en cada caso de quiénes, tras bastidores, manipulan circunstancias para inducir al error o para provocar reacciones que brinden a los actores interesados las posibilidades de una escalada de violencia. Error o intención que en cualquier momento –nadie sabe cuándo ni siquiera quienes pretenden sacar provecho de ello–, puede convertirse en una escalada que se iniciaría con una verdadera tragedia con una secuela de muertos, heridos e incapacitados por el enfrentamiento armado entre contingentes de la policía civil con equivalentes de la policía política, de investigación criminal, Guardia Nacional o Ejército, para potencialmente derivar luego hacia los enfrentamientos armados entre civiles, entre unidades militares y entre policiales: el prolegómeno de una guerra civil.

 

Si en los tres casos citados como ejemplo:

 

  1. La actuación de los comandos políticos y técnicos de la policía civil, hubiese estado sustentada antes que en el interés político circunstanciado y eminentemente privado, en el procedimiento regular pautado por la norma vigente.

 

  1. Las pormenorizadas actas oficiales elaboradas en cada caso, avaladas con la obligada intervención del Ministerio Público y la ulterior intervención de un Juez, una investigación penal, un juicio y la determinación de responsabilidades y condenas, si fuere el caso.

 

Cabe preguntar:

 

¿Estuviese hoy en día por la acción de un Fiscal evidentemente interesado, privado de su libertad el Alcalde actuante en el caso de la Embajada de Cuba?

 

¿Pudiera el vicepresidente o cualquier otro interesado en cualquiera otro poder del Estado, poner en duda y denunciar como cómplice, coautora o facilitadora la intervención de la Policía Metropolitana, regional y local en el caso de los supuestos paramilitares?

 

¿Podría cualquier interesado alegar públicamente una supuesta conspiración y pretender llevar –hoy o mañana– por ante la jurisdicción militar u ordinaria una investigación, juicio y señalamiento de responsabilidades de los jefes políticos y de los jefes superiores y de línea de los cuerpos de policía civil actuantes?

 

Concluyendo

 

La responsabilidad de los jefes políticos y jefes técnicos del los cuerpos civiles de policía, es enorme en las actuales circunstancias; están jugando con su propia vida y libertad y la de sus subalternos, con la propia vida y la libertad de los ciudadanos a los cuales están llamados a proteger; con el propio sistema democrático de gobierno. Consecuencialmente, o se ponen  de una vez por todas a la altura de éstas, sacando o dejando a un lado el afán protagónico y de figuración en los medios de comunicación; se serenan y atiende con propiedad sus deberes, o si no pueden, mejor renuncien, que otros más capacitados y con cabeza fría, asuman los mandos de las policías civiles; aún así, siempre les estaremos agradecidos por lo que hasta ahora han hecho.

 

Los cuida puestos, adulantes, escaladores, pusilánimes; los incompetentes, los payasos, los resentidos y eternos quejosos y los héroes de pacotilla; los que evaden los conflictos con la ley del menor esfuerzo y nunca asumen ni resultan responsables de nada, siempre han sido un peligroso estorbo en la policía; más, cuando tienen jerarquía, mando y conducción de operaciones policiales.

 

Evidentemente que aquella lacónica expresión del viejo policía cobra en las circunstancias del hoy policial, una vigencia vital para el desempeño de la labor cotidiana del policía y de la policía civil en esta Venezuela, sujeta a los desmanes, locuras y caprichos de uno u otro actor político con poder, o en busca del poder: Paso lento, vista larga y mala intención.

 

 

 

 


* Escuela de Formación de Agentes de Policía. Decreto Ley del 17 de septiembre de 1937 dictado a los nueve meses de instalado en el gobierno Eleazar López Contreras. Allí se formaron quienes luego se integrarían al Servicio Nacional de Seguridad creado por decreto el 4 de agosto de 1937, continuarían en lo que se denominó la Seguridad Nacional a partir de 1945 y pasarían luego a formar parte del staff de profesores, expertos y jefes del CTPJ; entre ellos: Raúl Lozada, Víctor Miléo, Vicente Anibal Zuloaga, los hermanos Villavicencio Ayala.

 

Acerca de rriverom
http://www.home.earthlink.net/~accioncivica/ http://twitter.com/#!/rarmuz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: