A UNA MADRE VENEZOLANA

Estimada señora:

Me pregunta en su e-mail de ayer, si puedo confirmar la noticia sobre el hecho de que los 8 soldados, al menos tres de ellos gravemente lesionados en Fuerte Mara, habrían sido quemados con un lanzallamas.

Lamentablemente, no tengo acceso a fuentes directas que puedan constatar y referir tal eventualidad. Sólo podría orientarle sobre el asunto, basándome exclusivamente en los datos abiertos y a la luz de esta nueva información no confirmada pero que sin embargo, viene a brindar un orden al asunto y darle un sentido más lógico a lo que hemos podido captar del sinnúmero de informaciones y contrainformaciones oficiales sobre el hecho:

a)     Se explicaría el por qué dentro del grupo de soldados víctimas, algunos presentan quemaduras gravísimas, otros graves, otros menos graves, algunos leves y otros sin lesiones; si los colocamos uno al lado del otro, en fila, nos lleva  a pensar en una imagen en dégradé.

b)    Se explicaría el por qué las quemaduras que presentan los lesionados son todas de la cintura para arriba.

c)     Se explicaría el porque, en el caso del único recluido en el Hospital Coromoto de Maracaibo, éste presenta pérdida de sustancia en el brazo derecho y severas erosiones en las manos hasta el punto de perder algunos o todos los dedos; lo que significaría que se trata de lesiones de defensa: ante un ataque sorpresivo desde el frente y sobre su flanco derecho, levantó los brazos y colocó frente al peligro inminente las manos para cubrirse.

d)    Se explica también el por qué este soldado del Hospital Coromoto aún permanece con vida aunque en estado de coma, mientras que dos de los trasladados al Hospital Militar de Caracas, uno falleció y otro está grave, no sabemos, para hoy, si ya murió.

e)     Se explicaría el por qué, en una supuesta inspección realizada por un representante de la Defensoría del Pueblo y luego por técnicos de bomberos en el calabozo o celda donde supuestamente, según la información oficial, ocurrió el incendio:

  1.                                                        i.     no existen rastros de combustible;
  2.                                                       ii.     el incendio se inició y concentró en el interior del espacio confinado;
  3.                                                     iii.     se quemaron unos colchones.

f)     Explicaría la expresión de una de las pocas víctimas que pudo decir algo cuando fue trasladada desde el Fuerte Mara al Hospital de Emergencia: “… nos quemó el capitán…”

Datos a la mano:

La periodista Patricia Poleo en su columna de ayer en el diario El Nuevo País, refiere que una fuente confidencial le habría suministrado trascendentes datos sobre el asunto y que se resumen a lo siguiente:

  1. Los ocho soldados, que hoy luego del incendio al interior del Fuerte Mara, citan las fuentes oficiales como presos en un local ad hoc por medidas disciplinarias, habían sido formados y se procedía, frente a ellos, a una reprimenda verbal por parte de por lo menos tres oficiales activos, entre ellos se menciona uno que manipulaba un Lanzallamas.
  2. Especifica la fuente que, el artefacto de guerra posee un aditamento que permite regular el alcance de la distancia de sus disparos de llamas; una posición corta y una máxima que puede alcanzar hasta 20 metros.
  3. Cita igualmente la fuente de la periodista, que quien manipulaba el artefacto bélico, al parecer no se habría percatado de la distancia a la cual estaba graduada el arma.
  4. En un momento dado, se accionó el Lanzallamas, disparando una llamarada sobre la fila de soldados que en posición de firmes, por orden de sus superiores, estaban formados frente a quien a ellos se dirigían de viva voz.

Elementos para una interpretación:

  1. El instrumento bélico individual citado en la nota como origen y causante de las graves lesiones de los soldados y su existencia como equipo de norma para unidades militares venezolanas;
  2. el lugar y la disposición de los efectivos mientras escuchaban a sus superiores y al momento de producirse el disparo del instrumento bélico letal;
  3. las lesiones que, según los medios de comunicación, sufrieron unos y otros de los soldados en cuestión
  4. los presuntos acomodos de una escena de crimen, para reducir la calidad y cualidad de un hecho con características imprudentes, cuando no en sus extremos, criminal

Lanzallamas (flammenwerfer, flame thower o lance-flammes).

Aún cuando el principio que utiliza el lanzallamas (lanzar aceite hirviendo sobre el enemigo) es tan viejo que nos remonta al siglo V D.C., su uso moderno por tropas en combate fue obra de una decisión y tecnología de las fuerzas alemanas desde el mismo inicio de la Primera Guerra Mundial (1914-15). El kleinflammenwerfer fue diseñado para uso portátil, usa aire presurizado y dióxido de carbono o nitrógeno como propelente para lanzar, a distancia y voluntad de quien lo emplea, un chorro de combustible en llamas. Su más notable uso en el campo de batalla, además de producir muerte y lesiones graves e incapacitantes en el inmediato, está destinado a efectos subsiguientes que afectan la moral de combate: a aterrar al enemigo atrincherado o bloqueado en cualquiera lugar de ese campo de guerra. Tal fue el caso de las tropas inglesas a las 03:15 de la madrugada del 30 de julio de 1915 (los ingleses perdieron como resultado del uso de lanzallamas por las tropas alemanas en dos días, 31 oficiales y 751 hombres). Luego el arma sería adoptada por los franceses y los ingleses, posteriormente por los norteamericanos, y se utilizaría en la II Guerra en Europa, Pacífico, Corea; a partir de esa época, al parecer, entró en desuso como equipo para la guerra.

Dotación regular:

  1. El arma es equipo de norma para unidades militares de infantería, aún cuando está en desuso para la guerra; sin embargo, hoy en Venezuela, se usa regularmente para desfoliar extensiones de terreno.
  2. El Lanzallamas como arma está destinada y bajo control y uso de las unidades militares  de ingeniería.
  3. Es decir, en los depósitos de estas unidades militares de ingeniería y como equipo asignado, existen una o varias unidades individuales de lanzallamas, sin que podamos definir su calidad y cualidades técnicas, marca, alcance o tipo de propelente y combustible.
  4. Como queda pautado en la descripción somera del equipo, para su utilización o empleo efectivo, deberá estar habilitado para su uso, aprovisionado tanto del propelente, como del combustible.
  5. Asumimos, a los efectos de la apreciación que pretendemos:
    1. no cualquier miembro de una unidad militar puede acudir al parque de un Fuerte Militar para tomar por sus propios medios o para solicitar se le entregue un arma de uso extraordinario, aprovisionada y lista para su efectivo empleo, de acuerdo a las especificaciones del fabricante y manuales de operación;
    2. ningún profesional castrense, si es que en realidad lo es, en ningún ejército del mundo, se equiparía y haría uso de un equipo bélico de cualquier tipo, sin antes verificar su estado de funcionamiento y su aprovisionamiento.

Circunstancias conocidas:

  1. Los ocho efectivos militares se encontraban bajo arresto por faltas disciplinarias
  2. Las lesiones sufridas por los efectivos de tropa, según las informaciones oficiales, ocurrieron al interior de la Sala de Castigo, como consecuencia del incendio de uno o varios colchones
  3. Si bien algunos de los soldados víctimas habían resultado con lesiones leves, por lo menos tres de ellos, uno ya muerto, sufrieron lesiones severas y graves
  4. Los efectivos una vez rescatados, habrían sido trasladados al centro de emergencia.
  5. Posterior a ese traslado, por órdenes superiores, fueron sacados del centro de emergencia siete de ellos, quedando en el Hospital Coromoto sólo uno de ellos.
  6. Uno de los trasladados al Hospital Militar de Caracas, murió
  7. Otro de los trasladados, se encuentra en estado grave en el Hospital Militar
  8. Varios de los soldados fueron dados de alta por no presentar lesiones que obligaran a su hospitalización.
  9. Las lesiones por fuego de todos los heridos, se ubican de la cintura para arriba; uno de ellos, que aún vive, perdió sustancia en el brazo derecho y dedos de las manos.
  10. El Defensor del Pueblo, afirma que el incendio se produjo al interior de la Sala de Castigo y no desde afuera; además agrega que había sido provocado.
  11. Un perito de bomberos, afirmó que de la inspección en la celda de castigo luego de ocurrido el incendio, no se detectó presencia de rastros de combustibles.

Referenciales:

  1. Los ocho efectivos estaban en fila, uno al lado del otro y sobre una misma línea imaginaria; en consecuencia, de ser esto así y en las condiciones narradas, estaban en posición de firmes, con la mirada al frente y puesta sobre el oficial que les hablada.
  2. Significaría que el espacio físico necesario para colocar en fila, no en columna, a ocho soldados en posición de firmes y con la separación entre ellos establecida por los manuales y práctica, es de por lo menos 1,2 metros lineales por cada soldado: en consecuencia, aproximadamente 10 metros lineales para un total de ocho.
  3. El oficial para poder dominar con la vista todos los soldados colocados en fila frente a él, desde el primero a su izquierda hasta el último a la derecha, deberá estar por lo menos a una distancia de tres metros del eje imaginario de esa fila de soldados.
  4. En consecuencia, el espacio mínimo necesario para esta disposición de ocho soldados y un oficial que las habla, es de no menos de 30 metros cuadrados.
  5. Las lesiones de tres de los efectivos: de la cintura para arriba y uno de ellos con pérdida de sustancia en el brazo derecho y parte distal de ambas extremidades superiores.
  6. El antecedente de otros soldados, en otras circunstancias y momento, que también sufrieron quemaduras, según la información, por haber sido rociados con combustible y luego encendido éste por un oficial; por este caso fue condenado un oficial.

Especulación:

Se trata de una apreciación especulativa de los hechos que, no intenta en lo absoluto certeza alguna, sino el acomodo de las circunstancias y hechos conocidos de una forma ordenada y lógica, para poder entender la magnitud de un hecho y las derivadas reacciones oficiales. Hecho que bien pudiere haberse tratado de un accidente pero que, por los desempeños y reacciones oficiales ulteriores y en todos los distintos niveles de la cadena jerárquica, ha adquirido los visos de un crimen.

Verdad o simple especulación, no estamos al cabo de saberlo en este momento, y en todo caso, sólo podrá ser determinado por una verdadera investigación criminal dentro de estrictas metodologías propias a la búsqueda, obtención y sustanciación de la verdad de su ocurrencia.

El asunto en un orden lógico (ver gráfica anexa):

  1. Los soldados no estaban en el interior de una Sala de Castigo; estaban en área abierta, patio o cualquier lugar despejado, en fila, firmes y con la mirada sobre el oficial que a ellos se dirigía a viva voz.
  2. Mientras el oficial superior, independiente de rango, se dirigía a los soldados, otros oficiales observaban; entre ellos uno en particular; éste estaba dotado de un equipo lanzallamas que manipulaba frente a ellos.
  3. En un momento dado, a voluntad o no del oficial que manipulaba el lanzallamas, desde una distancia aproximada a los cinco metros –contados a partir del primer soldado de la fila, el más cercano a la boca de fuego del arma– y ubicado en un ángulo de unos 45º con relación a un eje imaginario de la fila de soldados, disparó un muy corto chorro de fuego.
  4. El primer soldado de la fila, aún cuando pudiere haber estado con la vista al frente y hacia el oficial que les hablaba, estaba al tanto del peligro latente que representaba el oficial que delante de él y a su derecha manipulaba el lanzallamas y con la boca de fuego del arma dirigida hacia su humanidad. Al ocurrir el disparo, levantó el brazo derecho para cubrirse, seguido de la mano izquierda con igual objeto. Recibe el punto más largo y concentrado del corto disparo sobre el brazo y el líquido inflamado se desparrama sobre su torso; a la vez, tanto el soldado que esta –hombro con hombro– a su izquierda como el siguiente reciben parte importante del disparo, la aspersión de liquido inflamado les impacta; de ese tercer soldado en adelante, de izquierda a derecha –vistos de frente– otros soldados reciben poca parte de ese líquido inflamado en estado de aspersión, hasta llegar al octavo miembro de la fila, que, al parecer, no recibe lesión alguna, salvo aquella que pudiere haberle sido ocasionada cuando auxiliaba o colaboraba con sus compañeros heridos, si fuere este el caso.
  5. En el momento en que se produce el disparo y incendio en la humanidad de los tres soldados, se inicia una desbandada de soldados y oficiales, todos corren para apartarse del fuego; no existe alrededor ningún medio o mecanismo previsto para auxilio que permita apagar el fuego sobre los tres soldados.
  6. Los soldados afectados directamente, por sus propios medios tratan de apagar el fuego sobre ellos y éste se extingue sólo cuando el combustible que les fue lanzado sobre ellos se consume.
  7. Son recogidos del lugar y trasladados a un Hospital de Emergencia.

Consecuencialmente:

A partir de ese momento, comenzando desde los oficiales incursos en el hecho y extendiéndose hacia otros oficiales superiores dentro y fuera del Fuerte Mara, se suceden en cascada en principio y en escalada luego, una serie de conductas, decisiones y desempeños individuales y colectivos, y, como derivado, otros “arreglos” son necesarios a implementar para “tapar” o “cubrir” el asunto; comienzan, como derivado, a trascender las decisiones de orden táctico hacia las de orden estratégico:

  1. No existe forma alguna de cubrir la verdad de lo ocurrido, que aquella que implicaría la preparación de un escenario completo que induzca a pensar –y quizás probar– que se trató de un accidente; en consecuencia:
    1. Se procede a montar un escenario pertinente.
    2. Se organiza e incorporan a una celda de castigo, algunos materiales comburentes, entre ellos, colchones, colchonetas.
    3. Se agregan fósforos, cigarrillos y yesqueros a la escena montada.
    4. Se procede a prender fuego al interior de la celda de castigo.
    5. Se anula en lo absoluto toda posibilidad de que cualquiera de los oficiales o soldados involucrados en el hecho y de aquellos que eventualmente pudieren conocer detalles, tengan acceso a cualquier medio pertinente o con posibilidades de difundir los hechos dentro o fuera de las instalaciones del Fuerte Mara: resto del componente militar del Fuerte, especialmente, familiares de los soldados testigos y la prensa.
    6. Se impide cualquier acceso no controlado a la “escena montada”. Sólo aquellas personas, funcionarios, peritos o investigadores, perfecta y suficientemente controlados por el comando del Fuerte Mara o quienes asuman la dirección del asunto, podrían subsecuentemente realizar alguna labor al interior de ese “teatro”.
    7. A los efectos, se ordena, dispone y ejecuta, el traslado de los heridos, desde el Hospital de Emergencia local, al Hospital Militar de Caracas. A tales fines, se utilizan vehículos de tierra y el traslado se ejecuta por carretera. Tómese en cuenta que:
      1.                                                        i.     en el Hospital Coromoto en Maracaibo funciona la más especializada unidad para el tratamiento de quemados en el país;
      2.                                                       ii.     la atención no especializada de cualquiera quemado, implica riesgo de muerte para la víctima;
      3.                                                     iii.     las quemaduras de 1º, 2º y 3º grado sobre una superficie mayor al 30% del cuerpo de una víctima, ubica clínicamente el caso en el rango de grave.
      4. Montada la escena del incendio en la celda de castigo y supuestamente ya controlado cualquier medio con capacidad para difundir los hechos como ocurrieron en realidad, se procede a informar a la superioridad. Para ese momento, no se conoce la gravedad de las lesiones, y en todo caso, los heridos graves, poca o ninguna posibilidad tendrían de salir vivos del problema.
      5. Se limitan o impiden las salidas del Fuerte Mara del personal de tropa y las visitas a éstos por parte de sus familiares o allegados.

¿Un accidente?

Entre el concepto de culpa y el de responsabilidad criminal en el caso que nos ocupa, se traza una línea bastante delgada puesto que si bien en el primer caso, estamos tratando con el manejo o manipulación irresponsable de un instrumento letal y un consecuencial disparo accidental que ocasiona daños a la humanidad de otros; en el caso del acto criminoso, estamos tratando con la voluntad de ocasionar el daño, el dolo específico[i] de ocasionar ese daño. Como ya afirmamos, se pudiera tratar de un caso de accidente, cuando irresponsablemente se manipuló un instrumento letal aprovisionado y con capacidad de producir daño y hasta la muerte de aquel sobre quien se hace uso.

Dejó de serlo.

¿Dónde comienza a perder el acto en cuestión la cualidad de accidente para transitar por la vía del acto criminal?

Desde el momento en que, pretendiendo ocultar la verdad en la ocurrencia de los hechos, se comienzan a modificar parte o todo el complejo de circunstancias que produjeron las lesiones graves y hasta la muerte de algunos efectivos militares:

  1. Se crea una escena donde supuestamente ocurrieron los eventos.
  2. Se manipulan las informaciones hacia los niveles superiores de mando y conducción del componente militar.
  3. Por disposición expresa, se impide que se realice una verdadera investigación, manipulando víctimas y testigos del hecho.
  4. Se impide la inspección técnica de la escena del hecho.
  5. Se impone y se logra, en escalada, la ingerencia de mandos superiores en la versión “acomodada” de los hechos; hasta el punto de que el propio Comandante en Jefe del componente militar, asuma una posición oficial sobre la forma y versión de ocurrencia de los eventos y sobre las lesiones que fueron ocasionadas a los efectivos militares.
  6. En función de silenciar las víctimas, ejecutivamente se les saca de una unidad médica que garantiza una atención adecuada al tipo de lesiones y se les traslada a una unidad médica sujeta a control de los comandos militares. Sólo uno de ellos, por oposición de la familia, no es posible trasladarlo.
  7. La atención no adecuada, por falta de capacidad en equipamiento, insumos y experiencia, posiblemente sea una de las causas de la muerte de una de las víctimas y del estado grave de un tercero.
  8. Se ejerce presión directa y cerrada sobre toda la maquinaria de administración de justicia, a objeto de controlar las investigaciones y decisiones.
  9. Se pretende ejercer el control sobre toda información que pueda ser difundida hacia y por los medios de comunicación.
  10. Consecuencialmente, todo el complejo de circunstancias que si bien pudiere haber respondido, como ya afirmamos, a un accidente, dejó de serlo en lo absoluto para pasar a constituir en su conjunto al derivado de una definida, definitiva y consistente voluntad –individual y colectiva– de gobierno y por obra de quienes, desde distintos niveles jerárquicos y de responsabilidades, han tomado y ejecutado las decisiones: en definitiva, estamos en presencia de una secuencia continuada y sostenida de actos voluntarios para ocasionar y ocultar la muerte y las lesiones graves de seres humanos: un crimen.
  11. Por tanto y definitivamente, el caso de las lesiones y muerte de soldados al interior del Fuerte Mara en Maracaibo, por decisión política y militar, algunos invocarían la Razón de Estado, está ubicado en el campo político, en detrimento y en contra del ámbito de la administración de justicia.

Concluyendo:

Capacidad, oportunidad y motivo forman parte de la estructura argumental en una imputación criminal:

  1. Capacidad, se refiere aquella con la que voluntariamente se habilita o equipa el criminal para ocasionar el daño a otro: armas u otros instrumentos letales.
  2. Oportunidad, se refiere aquel momento preciso que en su propio tiempo y a voluntad propia selecciona el criminal para ejecutar el certero ataque y ocasionar el daño.
  3. Motivo, se refiere el trasfondo que rige la voluntad del criminal y que lo conduce en su momento, a habilitar su capacidad para producir el daño y a seleccionar –libre o en forma restringida– el momento y circunstancias precisas para ejecutar la acción voluntaria: el ataque.

Hemos referido algunas circunstancias que, según los hechos conocidos y su interpretación especulativa, nos permitirían, quizás, vislumbrar con cierta aproximación la oportunidad de la capacitación y de la selección del momento para el ataque; reiteramos, quizás sea así; pero, cuando nos asomamos al tercer criterio, motivo, el asunto adquiere ribetes de drama, no tenemos herramienta alguna que permita explicarnos y explicar no sólo y exclusivamente la conducta y ejecutorias individual del operador del Lanzallamas, si no las conductas y ejecutorias del resto de los oficiales del componente militar del Fuerte Mara; sólo nos quedan preguntas por responder:

¿Qué tan grave es ese motivo que impone a las individualidades jerárquicas de un colectivo militar, adoptar tan evidentes y nada comprensibles conductas, decisiones y desempeños?;

¿Qué tan grave es ese motivo que impone a su vez similares conductas, decisiones y desempeños sobre los cuadros de mando superior de todo el componente militar, involucrando en ello, no sólo al Comando de Guarnición directamente afectado en el asunto, sino también al Comando General del Ejército, al Estado Mayor de la F.A., al Ministro de la Defensa y hasta a el propio Comandante en Jefe de la F.A.?

¿Qué tan grave es el motivo que se oculta detrás de este acto criminal, que impone no sólo al Consejo de Ministros, sino a la propia Asamblea Nacional, a la Fiscalía General de la República, al Defensor del Pueblo y a todo el complejo de la maquinaria de administración de justicia, una excesiva prudencia, cuando no un silencio absoluto?

Una de dos, o el asunto guarda una relación estrecha con hechos y circunstancias graves que pudieren, en sus extremos, trascender las fronteras del territorio venezolano, o, estamos en presencia de un hecho menos complejo pero que, ha escalado a tal nivel de trascendencia soportado y amparado en algunas muy bien definidas características que pudieren encontrarse al interior y fuera de la F.A.:

  1. Ignorancia
  2. Incapacidad profesional
  3. Impunidad
  4. Simplificación
  5. Desprecio por la condición humana
  6. Menosprecio por la condición del soldado y de sus familiares, a quienes se les considera en el rango de simios, sub-humanos, o de marginales en su más suave expresión: simple carne de cañón.
  7. Desestimación de la irrenunciable condición ciudadana del soldado y de todos y cada uno de los habitantes del territorio venezolano.

Realmente desearía estar errado en todo y que nada de lo comentado y especulado en esta respuesta sea una verdad y pueda eventualmente ser comprobada cuando, a futuro, las condiciones permitan una verdadera investigación criminal, sustanciación de evidencias y testimonios, juicio y condena de los responsables.

Esperando haber satisfecho el natural y muy respetado interés de una madre venezolana ante la tragedia que la embarga y que ha colocado a uno de sus hijos en la circunstancias de vivir días de intenso dolor, una vida como un invalido o de morir en cualquier momento como derivados de un ataque inmerecido, injusto e ilícito. Le reitero mis sentimientos de consideración, respeto y solidaridad, y sin otro particular; de usted atentamente.

Rafael Rivero Muñoz

Comisario General

Caracas, 160404

.

e-mail rriveromunoz@yahoo.com

Si desea usted mayores datos o informaciones sobre ésta y otras situaciones comentadas sobre la Seguridad Pública en Venezuela, cordialmente le invito a visitar mi página web: http://home.earthlink.net/~accioncivica

[1] Constituye dolo la resolución libre y consciente de realizar voluntariamente una acción u omisión prevista y sancionada por la ley.


Acerca de rriverom
http://www.home.earthlink.net/~accioncivica/ http://twitter.com/#!/rarmuz

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