Carta a Mikel De Viana

Señor

Mikel De Viana

Universidad Católica Andrés Bello

Urbanización Montalban, La Vega

Residencia de los Jesuitas

Caracas

Con detenimiento he leído algunos de los papeles que sobre la pobreza han sido producidos bajo su responsabilidad; con atención también he escuchado y escucho sus interesantes intervenciones en los medios de comunicación. Pocos son los que en cada oportunidad que tienen se alejan de la agenda que les impone el gobierno y la política con “p” minúscula y tratan de exponer los asuntos sociales fuera de esa inconsistente y manipulada agenda. Pocos son por tanto los que merecen nuestra atención, en especial cuando éstos son capaces de comentar a grandes trazos la calidad, densidad, consistencia y sabor de la salsa para el aderezo y en respuesta a aquella pregunta de un parlanchín y ahora silenciado pero a la sombra activo negociador político de vieja escuela. Nos increpó éste en aquella oportunidad con su impertinente sorpresa y luego destemplada pregunta: ¡Sociedad civil! ¿Con qué se come eso?

 

Muchos son los orígenes, consistente la evolución y el estado de la pobreza en Venezuela. Gobierno y partidos políticos en el poder, en su búsqueda o en oposición, sin una respuesta distinta al uso y abuso dialéctico del vocablo pobre. Entre el populismo y la no rendición de cuentas la política menuda que se impone por sobre los intereses públicos, pasa por el ignaro desacatamiento de normas y procedimientos que regulan el desempeño del Estado, hasta el punto de poder afirmar hoy sin temor a errar, que la idea, el concepto y la función de Estado –originario o moderno– en la Venezuela contemporánea, cuesta arriba y bien difícil resulta aceptar que estén vigentes.

 

Y esa ausencia se materializa en “la solución” por ahora intermedia no la final que antes y ahora han encontrado, practicaron y practican quienes han disfrutado y disfrutan de los signos exteriores del poder puesto que el poder, entendido éste en el sentido estricto del término y por la misma razón, han sido y son incapaces de ejercerlo. Una característica incontrovertible de esa apreciación lo constituye la dinámica criminal que continua y sostenidamente hace estragos dentro de la población de marginales o desamparados; que ya tiene visos de ser una Política de Estado que abarcará más temprano que tarde al resto de la población de moradores del territorio. Una política que sin la movilización y resistencia de la sociedad cada día se extenderá con mayor velocidad.

 

Marginales; la carne de cañón en esta guerra fratricida en la que queramos o no, somos por nuestra propia ignorancia, indolencia, silencio o cobardía, parte constitutiva de ese ambiente social que si bien pudiera no promoverla, sin embargo la tolera[1]. 12.000 muertos por obra de la acción delictiva, sea ésta proveniente de las “acciones policivas de gobierno”, sea por obra de los otros delincuentes llamados comunes en una población cercana a los 25 millones de habitantes, nos ubica en una de las tasas más altas del mundo: cercana a 50 muertos por cada 100 mil habitantes año[2]. Parte medular de la dinámica de esas matanzas, lo constituye el tema seleccionado y que he resumido en el texto que titulo: “Masacres y Asesinatos en Serie. Venezuela 1982 – 2004 Estudio de Caso”.

 

Pareciera ser éste, desde mi punto de vista, parte importante del tema al cual, entiendo, usted ha dedicado buena parte de su desempeño profesional y como ciudadano. Asumiendo que ello pudiere eventualmente ser así, creo pertinente hacerle conocer el contenido de ésta mi última nota de información, no tanto para hacer de ello un escándalo publicitario, más bien como un detalle o conjunto de detalles a los cuales los estudiosos del área social, las consideraciones y los análisis académicos, en algún momento deberían prestar dedicada atención.

 

El estilo del planteamiento quizás no se acoja al rigor metodológico en la exposición de un tema tan complejo puesto que se trata sólo de mis habituales notas sobre seguridad pública, pero como podrá entenderlo una vez que le dedique o haga dedicar un tiempo a su revisión y lectura, el soporte de la información sobre la cual se edifica no es el metodizado registro científico de eventos peculiares, sino más bien la observación pragmática y el registro de los acontecimientos diarios que los medios de comunicación nos hacen conocer conjugado con una experiencia de más de 40 años en el tema de la seguridad pública; conjunto que como bien pudiere ser tildado o considerado, no corresponde a certitud o certificación científica alguna; tampoco quien los recopiló, emite los criterios y lo redacta,  pretende poseer conocimientos doctos en acumulados de materia alguna del saber humano; se trata simplemente de una apreciación empírica difícil de colmar puesto que registros con valor y calidad científica universal, tampoco existen en Venezuela[3], al menos, no los conozco o no estuvieron ni están a mi alcance para este momento en que esa dinámica de la violencia criminal ya tiene y se radica, como promotor, gestor, planificador, preparador y toma de decisiones, en posiciones decisorias en el más elevado estrato de gobierno y creo, es tiempo ya de tomar en cuenta los “hechos comunicacionales” palpables, indiscutibles, y antes de que esa dinámica de los hechos nos arrastre hacia una escalada en matanzas “revolucionarias” de cientos de seres humanos en cada acción, tal como queda planteado en el escrito fuera la expresa pretensión de algunos criminales enquistados por décadas dentro, a un lado o al otro, del aparato de seguridad y de la maquinaria de administración de justicia de este precariamente existente Estado en Venezuela.

 

El texto será incorporado a mi página web en unos diez días. Copia del material será enviado a pesar de lo comentado y en expreso al titular de la Fiscalía General de la República y al Defensor del Pueblo. También a la presidencia de la Conferencia Episcopal Venezolana; a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y a algunas ONG’s venezolanas dedicadas al cada vez más trascendente asunto de los derechos humanos. Si fuere pertinente según su opinión, a cualquiera otra entidad que usted a bien pudiera sugerir.

 

Si fuere necesaria para usted mayor información sobre el autor, el planteamiento o el contenido del texto, tiene usted la posibilidad de consultar mi página web http://home.earthlink.net/~accioncivica, donde encontrará varias notas anteriores a esta fecha sobre el tema de la seguridad pública en Venezuela, y los detalles generales y los específicos sobre mi hoja de servicios. En caso de requerir mayor información u otros particulares no referidos pero de su especial interés, puede usted demandarlo personalmente, por la vía de mi correo electrónico rriveromunoz@yahoo.com o comunicarse por los teléfonos: Oficina 58 212 793 5022; celular 0412 975 8775.

 

Sin otro particular, esperando que el material remitido pueda ser objeto de su interés y utilidad, quedo de usted; atentamente, en la ciudad de Caracas, a los 12 días del mes de julio del año 2004

 

 

 

Rafael Rivero Muñoz

Comisario General

 

 

 

 

Anexo: Documento de 171 páginas numeradas, formato carta, impreso en pica 11 Times New Roman, a un espacio; titulado“MASACRES Y ASESINATOS EN SERIE. Venezuela 1982 – 2004. ESTUDIO DE CASO”.

 

 

Se estimaría la firma de recepción de la comunicación y su anexo

 


[1] “… la idea de la pena de muerte como castigo tiende a ser cada vez más aceptada por las poblaciones urbanas asustadas y deseosas de un sistema de punición efectivo y, también, de algún tipo de venganza social ante el incremento de la violencia sufrida y la expansión de la cultura del miedo…”. Soarez, Sé, Rodríguez y Carneiro, 1996, citados por Roberto Briceño–León, Alberto Camardiel y Olga Ávila; “El derecho de matar en América Latina”

[2] Entre 1967 (7.7/100mil) y 1996 (14.9/100mil), en diez años, el crecimiento interanual promedio se ubicó en 9.35/100 mil hab.año; entre 1996 y 2003 (48/100mil), en ocho años, este promedio saltó a 28,5/100.000 hab.año. Cifras del primer lapso tomadas de Luis Gerardo Gabaldón “Tendencias y respuestas hacia la violencia en Latinoamérica”

[3] “… estadísticas judiciales, sesgadas por variables de índole legal, no asegura la uniformidad de los registros…”. Luis Gerardo Gabaldón; citado.

Acerca de rriverom
http://www.home.earthlink.net/~accioncivica/ http://twitter.com/#!/rarmuz

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: