La Cortina de Bambú es a la Cortina de Paja, lo La Triada es a…

“La Tribu” [i]

Rafael Rivero Muñoz

Caracas, 150204

En términos globales el vocablo más comúnmente conocido y aceptado por la mayoría de las sociedades para referir lo que percibe está detrás, dentro y delante del complejo asunto del crimen y de la criminalidad, es el derivado de lo que hoy se calificaría como un producto mediático, muy difundido, temido y especulado, pero bastante mal explicado y comprendido por el ciudadano común: la Mafia.

Bajo tales premisas sin embargo, algunas particulares sociedades, aceptando el término generalizado, sus específicas variantes las compendian bajo otros vocablos y conceptos para referirse a lo mismo; así, en los Estados Unidos se le conoció en un principio como La Mano Negra, luego como la Mafia y definitivamente se le calificó a partir de los años cincuenta, Crimen Organizado; en Italia La Cosa Nostra; en Japón se le conoce como Yakusa; en China La Triada; en Rusia, luego de la caída del Muro de Belín, Mafiya; en Colombia, México y otros países latinoamericanos, El Cártel.

¿Y en Venezuela?

¿Podemos acaso asegurar que tal particularizada expresión del crimen y de la criminalidad no existe, no puede ser individualizada, y no tiene ya desde décadas un nombre, aunque éste por los momentos ha sido olvidado por los medios de comunicación, y poco se mencione?

Tratemos de hurgar en el origen, en la conducta social del pasado y del presente que caracterizó y caracteriza a los integrantes de los altos, medios y bajos niveles del complejo; en los objetivos perseguidos y en las ya bien afinadas y globalizadas prácticas políticas, sociales, económicas y financieras de la original Mafia, enriqueciendo ese inicial proceso con algunos detalles tomados de la historia y experiencia en algunos de los otros países citados.

Resumamos todo ello en algunos parámetros de comparación y observemos las afines particularidades de algunas conductas y prácticas en Venezuela, y posiblemente, por las características –propósitos políticos, fines económicos y los importantes beneficios financieros ilegales que de ello han derivado y derivan– bien podríamos identificar y definir el vocablo que se equipare en peso y connotación social, política, jurídica, económica, financiera, para el particular caso venezolano.

Posiblemente de allí podamos aventurarnos hacia una definición más pertinente del problema del crimen y de la criminalidad; y por qué no, hacia vías de acción algo más ajustadas a las realidades que pudieren derivar de tal esfuerzo.

El Crimen Organizado

El más arraigado de los términos que sobre el complejo asunto del crimen y la criminalidad ha sido acuñado y aceptado internacionalmente por expertos y neófitos, suficientemente difundido por los medios de comunicación, es el de Crimen Organizado, emergió éste de la situación del problema en los Estados Unidos a finales de la primera década del siglo XX y que se dispara a partir de la Ley de la Prohibición sometida al Parlamento por Andrew Volstead y promulgada el 17 de enero de 1919 (fue abolida el 5 de diciembre de 1033).

Sin embargo, a nuestro entender, tal terminología, aplicada a otras latitudes traduce e inspira hacia una falsa concepción del asunto, puesto que, si bien se refiere al crimen y la criminalidad, es el crimen en específico, también lo es el hecho de que no se trata desde sus inicios y luego en su evolución, de una organización única piramidal, sino de la coincidencia en el tiempo y en el espacio de una determinada sociedad, del hacer –especializado o no– de agrupaciones de individuos aunados en una muy determinada forma de relación social y especialmente de mecanismos para la solución de conflictos al interior de la comunidad, y expresada en términos de intereses en juego, de métodos de operación aplicados, de los fines perseguidos por las distintas agrupaciones y especializaciones, concentradas en exclusivo a la producción, financiamiento y comercialización de bienes y servicios definitivamente ilegales.

Razón por la cual, casi también en exclusivo, el análisis, conceptos y tratamiento, para quienes han asumido y asumen el complejo –al menos en cuanto a Venezuela se refiere–, se ha concentrado en el área policial, con ignorancia, se podría afirmar que extrema, de las realidades sociales, políticas, económicas y financieras que de tales actividades se derivan e imponen a una comunidad, y que hoy, en la era de la globalización, de no ser explicado, analizado, comprendido y tratado en su verdadero contexto, conducen hacia concepciones y políticas de tratamiento además de erradas, definitivamente contraproducentes puesto que en definitiva, éstas –las políticas– vienen a abonar un terreno político, social, económico y financiero favorables a la expansión del problema que se trata de solucionar; constituyendo, aunque no fuere ese el objeto, lo que en materia económica se conoce bajo el concepto de: Ventajas Comparativas.

Muchos analistas y especialistas estudiosos de los temas políticos que confrontan los Estados en proceso de formación o de países en proceso de desarrollo, definen e incorporan, a conciencia o no, esas que hemos identificado como ventajas comparativas, dentro de un concepto político que abarca ese y otros múltiples problemas reales o latentes en los sistemas democráticos: la ingobernabilidad.

En función de tales particularidades, tratando de abrir un panorama más comprensible y algo mucho más adaptado a las realidad que ese limitado concepto de Crimen Organizado impone a cualquiera sea la sociedad de la cual se trate, preferimos entonces referirnos al complejo fenómeno dentro de otro esquema conceptual:

La Industria de la Ilegalidad.

Tomamos de la disciplina económica el término empresa, puesto que se trata de unidades de control y de decisión que utilizan diferentes insumos para producir bienes y servicios.

Que estos bienes y servicios que producen y comercializan sean ilegales, no quita que se trate de empresas en el sentido amplio o restringido del término, puesto que se trata de una actividad humana de producción, llevada adelante por grupos de individuos que, en función de ella, hacen uso –empírico en algunos pocos casos, no así en las más rentables áreas de explotación, donde operan dentro de verdaderos eficientes y eficaces esquemas de administración moderna– efectivo de los cinco vértices de un imaginario pentágono (las cinco emes en inglés norteamericano): hombres, máquinas, dinero, métodos y administración.

Aglutinando tales elementos de control y de decisión de múltiples unidades en un conglomerado de empresas individuales y colectivas por su particular forma de actividad –la ilicitud– e incidencia social, política, económica y financiera, podemos entonces aceptar el término de industria, puesto que se trata de un sinnúmero de unidades, empresas, que aún dedicándose a distintas ramas de actividad productiva que compiten en un mismo mercado –sea éste el interno a un país determinado, o, como está marcando su evolución ya, regional, transnacional o global–, están unidos por un mismo factor de oportunidad y hacen uso profuso de las condiciones del terreno donde operan, de lo que ya mencionamos se denomina y reconoce en el área de producción, comercialización, finanzas y económica en general: las ventajas comparativas.

Y que en términos políticos con graves consecuencias sociales, económicas y financieras, no son otra cosa que la incapacidad en la más suave consideración o la complicidad en la más severa, expresa en la inacción del Estado en el área de mayor trascendencia para sus existencia como ente: imponer el orden..

 

[1] La Tribu. Término que fuera acuñado a partir del primer gobierno que asciende al poder producto de elecciones libres y después de la caída de Marcos Pérez Jiménez y luego muy difundido en distintos instantes con distintos apellidos, hasta la llegada al poder del gobierno revolucionario de Hugo Chávez Frías, donde si bien es cierto, el término perdió vigencia y ya no se menciona con tanta frecuencia, sin embargo, adquiere mayor arraigo, no sólo por la forma tribal de relación interpersonal entre sus integrantes, sino también por sus objetivos, sus conductas y sus métodos de operación, y en especial, por los derivados, las inapelables consecuencias que en cascada inundan a la sociedad, a la política, a la economía, a las finanzas y a la vida cotidiana  de los moradores del territorio.

Derivados que en este último período de gobierno se han dinamizado, multiplicado y significan real y potencialmente –tanto para la industria de la ilegalidad local, como para la internacional o transnacional–, además de los enormes e incalculables dividendos financieros líquidos, tanto en moneda local como en moneda extranjera, ya logrados, algo que ni la misma Mafia original con siglos de existencia, ni el Crimen Organizado, La Yakusa, La Triada, ni los mismos Carteles latinoamericanos con sus décadas de existencia han logrado a pesar de su eficiencia, y que La Cosa Nostra, antes del proceso judicial adelantados por los jueces italianos Falcone y Borsellino,  había logrado en un momento dado en Italia: el ascenso de múltiples conspicuos operadores y representantes, a algunas de las más altas posiciones de decisión, en el poder político, militar, económico y financiero en Venezuela.

 

Acerca de rriverom
http://www.home.earthlink.net/~accioncivica/ http://twitter.com/#!/rarmuz

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