Desatendidos, desentendidos y malos entendidos

“… El Estado simple truco legal…”

 

Rafael Rivero Muñoz

Caracas 300405

 

“… El concepto de Estado es simplemente un ‘truco legal’ que justifica formalmente apetencias, arbitrariedades y demás formas del ‘me da la gana’. Estado es lo que yo, como caudillo como simple hombre de poder, determino que sea Estado. Ley es lo que yo determino que es Ley… así se ha comportado el Estado venezolano, desde los tiempos de Francisco Fajardo… una visión precaria de sus instituciones porque, en el fondo, Venezuela es un país provisional… redactar una Constitución fue siempre en Venezuela un ejercicio retórico, destinado a disimular las criadillas del gobernante… durante siglos nos hemos acostumbrado a percibir que las leyes no tienen nada que ver con la vida… esta sociedad de complicidades, de lados flacos, ha hecho de la noción de Estado un esquema de Disimulos… El Estado venezolano es una aspiración mítica de sus ciudadanos. El Presidente es presidente solo porque él dice que es presidente. Pero, en realidad, no es un presidente. Es una persona que esta allí, desempeñando una provisionalidad, mientras le encontramos su ‘lado flaco’, su rasero de miserias cotidianas, su condición de ‘zángano’ del panal… ”

José Ignacio Cabrujas

Esos conceptos ampliamente difundidos, como Estado, constitución, ley, política, democracia, sociedad civil, organización y capital social, a la luz de las realidades del presente han de ser revisados antes de poder intentar comprender por qué ante un extremado desempeño populista fuera y desde el gobierno, los partidos políticos, la dirigencia de éstos y hasta la ya activada Sociedad Civil se encuentran contra las cuerdas, argumental y políticamente incapacitadas para enfrentar las realidades de un caudillismo que nos retrotrae a los orígenes y derivados de la Revolución Libertadora, hace ya algo más de cien años

En otros términos y adelantando una apreciación que podría ser temeraria, los actuales actores políticos ignorando la historia, están en camino de repetirla, como en el pasado, una vez más y a pesar de que, indiscutiblemente, en número de actores, medios y capacidades intelectuales y técnicas en juego, son distintas. El derrumbe de los partidos de aquella época al igual que ahora, dejó sin armas políticas a quienes se oponían al regreso de Juaquín  Crespo y a la continuidad de Ignacio Andrade en la presidencia; en medio de ese zafarrancho ­-de ingobernabilidad como se diría ahora-, se cuela la Revolución Liberal Restauradora (23 de mayo de 1899) con Cipriano Castro y su compadre Juan Vicente Gómez a la cabeza

 

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