La Política de la Antipolítica

“Cultura de la Corrupción”

Rafael Rivero Muñoz

Caracas, 300105

Citando a Hegel apuntaba certeramente Antonio Sánchez García en su nota del 21 de enero titulada El turbio y largo viaje hacia la noche: “… un crimen repetido innumerables veces, sin encontrar castigo alguno, se convertirá en hecho consuetudinario…”.Y agrega: “… tan habituado está el venezolano a dejarse gobernar por funcionarios corruptos y tan normal ha llegado a parecerle a los gobiernos que hacen de la corrupción una norma de conducta cotidiana, que [el venezolano] no se sentiría a sus anchas bajo un gobierno probo, transparente, justo y recto… Tan infectado de corrupción está el cuerpo social venezolano, que ha… llegado a ser una auténtica cultura de la corrupción…”.

¿Nuevo?

Eso que comenta el escribidor no es nuevo, al contrario como el mismo autor lo refiere, es la costumbre consuetudinaria de esto que llamamos sociedad venezolana y que, por lo que se puede concluir, no pasa de ser una comunidad de moradores de un territorio.

Mientras sigamos en este empeño por conseguir un líder para quitar otro; todos y cada uno de ellos ávidos del poder por el simple disfrute de sus signos exteriores, puesto que el poder ni ayer, ni hoy ni mañana podrán ejercerlo, faltos como han estado y están de ideas, de conocimiento, de conceptos, de prácticas legítimas, de voluntad creadora; algunos supuestamente más otros definitivamente menos socializados, seguiremos en esa “auténtica cultura de la corrupción”; siendo lo mismo que somos: una comunidad de moradores asentada en un territorio.

Mientras la sociedad civil pretenda negarse a la necesidad de la política y a la existencia de los partidos y pretender sustituir a éstos sin asumir las enormes responsabilidades que a éstos atañen –tal como venido sucediendo por más de 50 años por lo menos–; mientras esa misma sociedad civil en conjunto y las individualidades que lo integran, no comprendan que la tarea de la sociedad civil no ha sido, no es ni podrá ser nunca la toma del poder.

Mientras persista en no asumir con verdadera eficacia su verdadera tarea que es la del severo control del ejercicio del poder, seguiremos en el ámbito de la antipolítica y seguiremos consecuencialmente unos y otros a la vera de un caudillo. Eso es lo que ha sido la constante, que nos ha distinguido en el pasado y que se impuso como denominador común desde la muerte de J.V.Gómez, y con un agregado muy particular:  La antipolítica del gallinero vertical.

Gallinero vertical

Se traduce ello en el ejemplo gráfico tomado de la vida animal: el que logra con sus habilidades histriónicas, mañas, traiciones o engaños, subirse primero al palo más alto del gallinero para pasar la noche, evacua, defeca y vomita durante toda una noche sobre todos los demás congéneres que están en los palos más bajos, y hasta la noche siguiente en que quizás sea otro el que llegue primero y se encarame en ese palo más alto y repita la costumbre. Es, la política de la antipolítica.

Nefasta dinámica

Posiblemente parte de la respuesta la podamos comenzar a construir sobre el texto cuyo comentario referí en notas anteriores: “Detrás de la pobreza” (UCAB 2004) Pobreza material, cierto, la que se impone a casi el 80% de la población. Pero peor que esa es la pobreza intelectual, esa que ha distinguido y distingue a quienes se hacen llamar y pretenden ocupar el rango de elites intelectuales, profesionales y políticas y no han sido otra cosa que seudo castas cuyas individualidades se alaban unas a otras mutuamente.  Algo que muy bien sintetiza en una nota reciente Pedro Elias Hernández: “… La toma del poder cultural, tal y como lo formulara Gramsci, se produjo sistemáticamente por parte de la izquierda venezolana desde hace bastantes décadas. La colonización de las universidades públicas, de los medios académicos, de la literatura y los nichos intelectuales, de la cinematografía y luego, el arma más poderosa, de la producción de los contenidos de novelas de televisión o las telenovelas, terminaron por enseñorear la cosmogonía de la izquierda política marxista en la mente de millones de venezolanos…”. Más del 50% de esa seudo casta encumbrada en los estratos superiores[1] tienen una mentalidad premoderna; por eso se impuso en su momento dentro de eso que llamaron y llaman partidos políticos en Venezuela -aún se impone y pretenden reedificar-, lo que Juan Carlos Rey llamó el “Sistema Populista de Conciliación de Elites”. Una avenencia de supuesta política que con la decisión y firma del Pacto de Punto Fijo, edificaron a finales de los años cincuenta del siglo pasado, la expresión históricamente más depurada de la antipolítica.

Incivilidad

Mientras la sociedad civil acepte y apoye –o disfrute- esa expresión de la antipolítica, no saldremos jamás de esto; ayer fue Pérez, Lusinchi o Caldera hoy es Chávez; mañana, quizás Cabello o Rangel. Tan sólo por cambiar todo para seguir igual, la agitada masa que no sociedad civil, se lanzará de nuevo en el apoyo de uno u otro, hasta que las realidades la saquen de nuevo del persistente engaño. Ha sido así por décadas y, seguirá siendo así mientras generación tras generación, nazca, crezca y desaparezca a la vera del voluntarismo o mesianismo de un líder y viviendo la ficción de modernidad a costa de la renta petrolera, y sin entender ni asumir la magnitud del reto que tenemos frente a nosotros, puesto que: “… la democracia no es sino el diseño de un sistema que permite abordar los conflictos sociales, de tal manera que los resultados dependan de la actuación de los participantes y no de elementos externos o impositivos…”[2]

Existe un problema medular de la política venezolana de todos los tiempos, poco o nada tratado por los expertos y analistas y se especifica en la diferencia que existe entre el ejercicio del poder y lo que identificamos como, el disfrute delos signos exteriores del poder; quizás Bobbio, venga en nuestro auxilio: “… El problema de la ingobernabilidad plantea el problema… del defecto de poder… del poder deficiente, inepto, incapaz, no tanto del mal uso del poder sino del no uso… la razón principal por la que los súbditos pueden considerarse libres de la obligada obediencia al soberano es, según Hobbes, su ineptitud para el mando y, por consiguiente, la incapacidad para cumplir con el deber fundamental que es el de protegerlos de los daños que cualquiera puede hacer al otro y de aquellos que puedan provenir de otros estados… El estado está en crisis cuando no [puede]… cumplir con sus deberes. El problema de la ingobernabilidad es la versión contemporánea del problema del estado que peca no por exceso sino por defecto de poder…”[3]

Realidad

No ha sido, no es ni será un problema de individualidades cercanas a Dios, de líderes, mesías o salvadores, si no de ideas políticas, de capacidades para el esfuerzo sostenido en un tiempo que pudiere muy bien superar tanto la vida misma de quienes lo intenten como su propia generación; de equipos con capacidad intelectual y técnica para entender y organizar el desempeño de otros; y sobre todo y por sobre todo, del empeño y desempeño de quienes nos llamamos y pretendemos asumir las atribuciones y la función de una sociedad civil, a quienes nos corresponde la tarea que requiere mayor capacidad intelectual y política en el esfuerzo por movilizar a otros y en la constancia por imponer, hora tras hora y día tras día, decisión tras decisión de gobierno, nuestra condición ciudadana y para lo cual, indiscutiblemente, el colectivo y todos y cada uno de quienes lo integran, en la medida de sus capacidades y posibilidades, deberán por lo menos:

1)   Despersonalizar la relación material, intelectual, estética o sentimental con el equipo e individualidades quienes aspiren u ocupen posiciones de dirigencia o de poder, ello en función del interés que hemos discutido, definido e identificado en el seno de esa que pretende erigirse como sociedad civil y que ha sido, nos es y nos será común a todos, independiente de posición social o económica, raza, color o religión.

2)   Imponer sin cortapisas, los tres antídotos contra: a) la evasión del conflicto; b) la ley del menor esfuerzo y c) la ausencia de rendición de cuentas y la derivada irresponsabilidad, tanto a nosotros mismos y a nuestro entorno social, como al equipo y todos y cada uno de los integrantes; esos, quienes pretendan representar nuestra aspiración en el ejercicio cabal y a plenitud de la ciudadanía y, eventualmente, asumir el ejercicio del poder en cualquiera sea el área de actividad de la Administración.

3)   Imposición constante y sostenida en función de que:

  1. Se asuma el conflicto político, social y económico en toda su magnitud y extensión;
  2. Para que se seleccione a los mejores y más capacitados en cada área de conflicto a atender y
  3. Para que cada uno y en cada posición de poder rinda permanente pormenorizadas cuentas tanto de su hacer como de su dejar de hacer y sus derivados y para que las asuma en toda su extensión y consecuencias.

4)   Ejercer en toda su extensión la tarea diaria de controlar el ejercicio del poder, independiente de que nos afecte o no directamente una u otra medida, uno u otro desempeño de quienes ejercen el poder. Esto es:

  1. Atenerse a la letra de la normativa vigente y de los acuerdos políticos a los cuales los partidos políticos hayan llegado.
  2. Una vez aceptados los acuerdos tanto por los partidos como por la sociedad civil, no hay posibilidades de cambios para y dentro de los acuerdos políticos:
    1.                                                i.     Si es democracia el sistema, será irreductiblemente democracia.
    2.                                               ii.     Si es un Estado de Derecho, es y será la norma vigente la que regule el hacer y dejar de hacer, tanto de los funcionarios del Estado como de los ciudadanos; nadie queda exento de las responsabilidades por incumplimiento o exceso en el cumplimiento de la ley.
    3.                                             iii.     Si por períodos de gobierno de alternativos, serán gobierno de duración por períodos predeterminados y sin reelección.
    4.                                             iv.     Si son elecciones democráticas para los cargos que se pauten por esa norma, serán elecciones democráticas.
    5.                                               v.     Si es gobierno representativo, quienes sean electos como representantes por el voto de los ciudadanos, deberán rendir cuenta periódica, primero a sus representados y al resto de los ciudadanos  de su hacer y dejar de hacer.
    6.                                             vi.     Si se acuerda la división de los poderes del Estado como entes autónomos en cada una de sus áreas, será cada uno autónomo y responsables por su hacer y dejar de hacer.
    7.                                            vii.     Si hay libertad para la expresión y divulgación de las ideas, opiniones, desacuerdos y denuncias; la libertad será absoluta para todos los ciudadanos.
  3. Si fuere necesario modificar una norma vigente, la sociedad civil movilizada deberá imponer su modificación por los mecanismos que esa misma norma establece.

Partidos

Como se entiende, la materia de esos acuerdos políticos corresponde necesariamente diseñarlos, divulgarlos, convencer y obtener el apoyo de los ciudadanos, a quienes tiene como objeto de su existencia la toma y el ejercicio del poder, a los partidos políticos y su dirigencia; allí está la diferencia con la sociedad civil a quien en todo caso y a todo evento corresponde la ardua y exclusiva tarea de escuchar la oferta, imponer las modificaciones en función del interés que identifica e impone como común a la sociedad, aceptarlos o no y muy en especial, sobre esos acuerdos políticos, imponer el férreo control de desempeño tanto de esos partidos, como de quienes pretenden representarlos.

Utopía

Posiblemente; pero –parodiando a Ariel Sharon–, no se sale de donde definitivamente estamos empantanados sin arriesgarlo todo, no se llega a nada ni se puede aspirar a la vigencia de la política y a la práctica de lo político para dar inicial sustento a esa política, si no estamos dispuestos a perder lo poco que hayamos logrado y exponer e imponer las ideas por sobre y en contra de la violencia y de los voluntarismos mesiánicos. No es ni la Biblia o Cristo, ni la Tora o Moisés, ni el Corán o Mahoma quienes nos sacarán a unos u otros de esta maraña de incompetencia y complicidades, somos nosotros mismos, no como masa donde diluimos y perdemos nuestra identidad ciudadana, sino como colectivo organizado alrededor de un interés común validado: la sociedad civil.

“… Para enfrentar este aluvión ideológico que penetró como una tromba en la cultura nacional y se instaló hasta en el ADN de una enorme porción de venezolanos, hay que, sin duda, lanzar una contracultura, un modelo civilizatorio que antagonice con el que encarna [el régimen]. Cualquiera otra cosa que trate de rivalizar con Chávez que tenga algún tufillo izquierdista, tropezará muy posiblemente con una granítica pared y estará condenada al fracaso…”[4]

Somos los ciudadanos, con nuestro hacer o dejar de hacer, los llamados a pensar y a hacer pensar la vía de acción, e imponer con nuestra voz y movilización constante y sostenida, la solución.

 


[1] “… Los hogares de los estratos sociales más bajos poseen actitudes no modernas en un 68%… del grupo social más alto tienen esas actitudes no acordes con una sociedad moderna en un 50%… es muy significativo que hasta un 50% del 2% más rico del país, tendría unas actitudes similares a los individuos en situación de pobreza…”. Luis Pedro España; “Detrás de la Pobreza”, pág. 37

[2] Przeworski, citado, Detrás de la Pobreza, pág. 158

[3] Norberto Bobbio “La crisis de la democracia y la lección de los clásicos”; www.ciudadpolitica.com

[4] Pedro Elias Hernández, citado

Acerca de rriverom
http://www.home.earthlink.net/~accioncivica/ http://twitter.com/#!/rarmuz

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