Crónica de una masacre anunciada

¿Idiotas o… Criminales?

Rafael Rivero Muñoz

Caracas, 11/03/03

 

Definitivamente, sólo una expresa y precisa voluntad de gobierno unida al especial equipamiento letal y a un desempeño criminal, otorgarían capacidad sobre el terreno para permitir a una unidad militar o policial ser exitosa en una operación destinada a la captura de un preciso objetivo localizado en medio de una concentración de ciudadanos y en su núcleo más compactado; multitud que si bien pudiere ser que no tendría individualizado al sujeto objeto de la operación y no lo apoyaría en un inicial estadio, está lo suficientemente movilizada y en ejercicio de la desobediencia civil –donde más de un participante está dispuesto a asumir temerarios riesgos– y definitivamente enfrentada a toda expresión represiva individual o colectiva que adelante el gobierno. Muestras de ello están a la orden del día: fracaso en la detención del oficial de la aviación Soto; fracaso en la detención del general Rosendo; fracaso en múltiples detenciones con o sin allanamientos que han tenido que ser abortados dada la reacción y presión de los vecinos del afectado y de una cada vez más decidida multitud de oponentes al gobierno.

Y un llamado grupo comando de la DISIP, asumiendo el riesgo de una masacre, lo intentó la tarde del sábado en el Distribuidor Las Mercedes y al interior de una masa de manifestantes superior a las cien mil personas. Una criminalmente temeraria operación que nada tiene de policial y que sólo se explica de dos exclusivas formas: a) una misión comando al más depurado estilo  de Hollywood, muy propia de los idiotas que continuamente hacen gala de sus pretensiones y que han ido ascendiendo y asciende a los cargos directivos y de mandos intermedios de los cuerpos policiales; b) una misión criminal, destinada a brindar nuevas y certeras muestras de las formas de terrorismo que el gobierno está dispuesto a aplicar en su empeño desesperado por mantenerse en el poder; misión cuya ejecución habría sido puesta en manos de delincuentes, puesto que, policías no son.

Supuestos

En una u otra situación, dos supuestos habrán de ser planteados. El primero que revelaría de la alta política, manejada ésta por un operador al más alto nivel de gobierno, un frío “agachado”, o “arrodillado” calculador que sabe muy bien qué está buscando, cuándo y para qué; el segundo, todo lo contrario, se materializa precisamente en la ausencia de gobierno, de una política en la acción y en este caso, adelantada y producto de lo que se conoce como: una sargentada. Son esos a los cuales en situaciones anteriores, representantes de gobierno han calificado de “incontrolables”.

a)     El gobierno busca de una vez por todas un objetivo único a ser derrotado en cualquier terreno, incluido el electoral. Señalar, mostrar y entregar en bandeja a una masa opositora sin horizonte definido, sin una dirigencia respetada y creíble, sin proyecto, y sin una pertinente organización para la toma del poder. Ofrece así, un mascaron de proa; un potencial líder de pie, cabeza, cuerpo e ideas más bien ingenuas; experto en materia de distinto tenor, en asuntos petroleros, de planificación, etc., pero que carece del suficiente fogueo y la experiencia política; de garra quizás en su campo pero no en el campo pertinente y carente de una probada organización estructurada con fines políticos para la búsqueda, toma y conservación del poder, y por tanto, en términos pragmáticos, un nuevo o paracaidista en estas lides y que en su momento, podrá ser fácilmente aplastado por el efecto tenaza. Esto es, tanto desde adentro de lo que se organice como fuerza política a su alrededor, como desde fuera ella, desde esa otra fuerza política operante en el terreno que si bien tiene nombre y experiencia en los hechos, su desprestigio  y derivada anulación como fuerza para la convocatoria y cooptación de voluntades, la impele a bloquear o sabotear todo desempeño político ajeno a sus particulares intereses partidistas. Ese nuevo líder puesto a la disposición y emergido de la propia masa en proceso de organización, según lo estima el gobierno, en tales condiciones desde ya y en su momento, hace posible derrotar su desempeño en cualquier terreno.

b)    La fuerza de choque en que se ha convertido y es hoy la mal llamada policía política, que nada tiene de policía y menos aún de política, y que sólo sería posible compararla y equipararla más bien con una de las tantas bandas de Tontons Macoutes de Douvalier y que después acompañarían a Jean Beltran Aristide en su empeño por consolidar y mantenerse en el poder en Haití. La DISIP, severamente dividida en dos, una oficial y otra paralela y dentro de esa macro-división otra entre fieles, anodinos y sospechosos, entre delincuentes, “malandros“ e ignorantes, resulta ser una estructura aplanada sin mandos superiores e intermedios; ciega y sorda puesto que no está en capacidad para captar, organizar y digerir información, mucho menos para interpretarla, para entender y hacer entender campo y vías de acción profesional; sin visión política ni técnica, ni a corto ni a mediano ni a largo plazo; sin objetivos precisos definidos, pero eso si, plena de “sargentos” –independiente del rango oficial que ostenten– que se expresan en individualidades pertrechadas –comunicaciones, patrullas, armas, granadas, conchas y contactos “políticos”–, impacientes, exasperados, ávidos todos y a la búsqueda de la más mínima oportunidad para el lucimiento, para llamar la atención del “Comandante en Jefe” y con ello ganar sus favores –hasta se puede llegar a director–. Dentro de ese grupo, algunos más hábiles, mejor conectados y pendientes especialmente de aquel quien a la sombra –pacientemente puesto que está a la espera de su momento, a un lado y por ello trata de mantenerse distante de la línea abierta de combate–, juega con más habilidad y delicadeza sus piezas, hasta el punto que –comentan sottovoce sus incondionales–, pareciera tiene ya el poder real en sus manos: Diosdado Cabello.

En un caso u otro el tema que nos ocupa, más que el aspecto político del asunto, se orienta a observarlo desde la perspectiva técnica de la seguridad pública en una sociedad y en cuanto a las posibilidades reales de ejecución de esta tarea dentro de principios y pautas que rigen y deben regir todo desempeño regulado de los órganos de ejecución material de las medidas y operaciones de policía, sea una u otra la situación de la cual se trate.

Masacres ilustrativas

La acción militar o militarizada contra una población concentrada y sin armas, es definitivamente una decisión de gobierno, aún en presencia de dos extremos supuestos: a) si es que existe gobierno y tiene el poder real; b) en caso contrario, de la ausencia de gobierno y descontrol de éste sobre los medios de fuerza del Estado. En ambos casos, es el gobernante de turno sobre quien debe y deberá recaer y ser exigible en su totalidad la responsabilidad. No existe argumento alguno de excusa: “… nadie puede alegar su propia torpeza en su defensa…”. Tres ejemplos de la historia de la humanidad en los últimos 84 años nos ilustran el asunto:

1.     El 13 de abril de 1919 en la plaza de la ciudad de Amritsar, distrito de Punjab en la India, la reunión pública la habían planeado los dirigentes en un lugar abierto rodeado de murallas y con pocas salidas; el día anterior el general R.E.H. Dyer, comandante en jefe de las tropas británicas de Amritsar había prohibido las reuniones y procesiones en la ciudad. Ese día, tropas del contingente de ocupación inglesa del territorio indio, cercan la concentración humana; Dyer se presentó allí con sus tropas para hacer cumplir la prohibición y sin ninguna señal de advertencia, ordenó disparar contra la multitud; durante diez minutos de fuego cerrado fueron masacradas cuatrocientas personas y heridas más de mil. Dyer fue destituido de su cargo pero el daño fue irreparable, ya nunca habría  reconciliación entre el imperial gobierno británico y el subyugado pueblo indio. Principio del fin del imperio inglés.

2.     El silbar de las balas y el bullicio angustioso se escuchó la tarde del 2 de octubre de 1968 en la plaza de las Tres Culturas. Fue ese tronar de descargas una de las cosas que más impresionan de Tlatelolco, Mexico. Los disparos que se hacen desde la sede de la Suprema Corte de Justicia de la Nación –desde los edificios que rodeaban la plaza de Tlatelolco empezaron a salir disparos de ráfagas de ametralladoras sobre soldados y estudiantes–, que alcanzan al general Hernández Toledo, marcan el inicio de la reacción militar; fuerza que había sido desplegada para evacuar de estudiantes la plaza. Resultaría luego para los investigadores, imposible que en este lugar se hubieran apostado francotiradores sin la autorización de funcionarios del más alto nivel. Soporte suficiente permitió afirmar que en 1968, desde las altas esferas del gobierno, se auspició la operación de grupos clandestinos que ejercieron la violencia y perpetraron actos de provocación contra el movimiento estudiantil, mientras paralelamente, fuerzas militares, ignorantes o no de ese detalle, fueron desplegadas para aplicar los medios de fuerza extrema sobre el área de la plaza plena de una multitud.

3.     4 de junio de 1989, Masacre de Tiananmen. El hecho clave que finalmente condujo a la masacre fue la publicación en el Diario del Pueblo –del Partido Comunista– de un editorial el día 26 de abril de 1989 en el que se calificaba a las manifestaciones estudiantiles de un complot bien planificado. “… Esos muchachos no saben apreciar lo bueno que tienen…”, expresaría un alto funcionario en una reunión producida en junio; justo antes de que el Ejército de Liberación Popular llegara con tanques a la plaza de Tiananmen (Paz Celestial) para poner fin con balas al movimiento de protesta, un criterio político se impuso e imperó: “Si los estudiantes no abandonan Tiananmen por sus propios medios, el ejército debe ir y sacarlos”, esa fue la sentencia del gobierno y soporte de la derivada decisión política. Comienzo del fin de la Revolución Cultural en China; ascenso al poder de Den Xiaoping.

No en Venezuela

Como hemos visto, tres ejemplarizantes masacres, originadas en precisas decisiones y expresa voluntad política de gobierno, tuvieron concretos efectos políticos. Sin embargo, pareciera que en Venezuela imperan otros criterios o al menos las reacciones de la sociedad se separan diametralmente del patrón definido por los ejemplos citados.

Son incontables las matanzas de ciudadanos que en el pasado y en el presente y en nombre de cualquiera sea el argumento, registra nuestra historia reciente; hasta ahora, ninguna de ellas –y a pesar de haber sido condenado en Corte Internacional el Estado a pagar por los daños ocasionados a familiares de las víctimas en un caso–, ha derivado en una investigación y en una condena para los autores, antes por el contrario, observamos que exactamente los mismos actores del pasado –con nombre y apellido completo– lo son en el presente; es decir, la sociedad ha guardado y guarda silencio cómplice y tales masacres no han producido efecto político alguno distinto al olvido. Baste referir sólo algunas masacres y recordar que en ninguna de ellas, responsable alguno –salvo en estos momentos “el caballero” Joao de Goveia, que aún está por verse si lo juzgan y condenan; tres consecutivas veces bajo argumentos baladíes ha sido suspendida la audiencia– está bajo custodia de autoridades, menos aún han sido condenados. Para sólo citas los últimos 21 años de masacres: Cantaura 041082; Pozos de la Muerte 1984–85; Abdobadú, Perijá 110687; Los Totumitos 080788; El Vallado 061088; El Amparo 281088; El Caracazo 270289; Cutufí 261089; Golpe 040292; Golpe 270292; secuestro y fusilamiento de supuestos delincuentes, asesinatos continuados desde 1999 al 2003; Masacre de Miraflores 110402; Masacre de Altamira 011202; Masacre de Parque Caiza 140203.

En cualquier momento

Lo observado en la operación ejecutada por funcionarios de la DISIP el sábado ocho en el Distribuidor de Las Mercedes, en la ocasión de una concentración de ciudadanos que superaba las cien mil personas, no deja de ser un indicativo de los términos de calidad y de cualidad de servicio de los supuestos profesionales de policía que dirigen los servicios de policía que exhibe ese organismo. Una patrulla que quedó cercada por la población exaltada, fue abandonada por su tripulación y sólo el conductor, con la ayuda del gobernador Mendoza, se arriesgó y sacó el ya deteriorado vehículo de manos de la turba. Esto nos lleva a concluir que en cualquier momento o lugar, frente y en contra de una manifestación desarmada de ciudadanos y al igual que en Amritsar, Tlatelolco o Tiananmen, por decisión política del Ejecutivo venezolano, las fuerzas militares, militarizadas, para–militares, policiales o para–policiales, al igual que el 11A, serán desplegadas y empleadas a fondo con todo su poder de fuego, tan sólo para satisfacer la voluntad de un gobierno y de un gobernante a quien sólo le queda la fuerza bruta, la violencia extrema, el terrorismo de Estado, para mantenerse en el poder.

En cuanto al desempeño actual y futuro del cuerpo de seguridad pública objeto de nuestra observación, sus directivos e integrantes podrán ser definidos y señalados, hoy y mañana, con cualquiera sea el vocablo castellano, pero jamás podrán ser llamados y aceptados por la sociedad como policías, puesto que, no pasan ni pasarán de ser, por sus actos y efectos sobre la sociedad, o idiotas o criminales; y esta nota no es más que: La Crónica de una Masacre Anunciada.

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